Casa de la Cruz

En tiempos de la persecución, las Religiosas de la Cruz cambiaron varias veces de casa, actualmente viven en la calle de Sor Juana Inés de la Cruz 175. Esta casa guarda recuerdos entrañables para la historia de la Espiritualidad de la Cruz.

 

Mons. Luis María Martínez

Misioneros del Espírritu Santo MoreliaEsta comunidad fue testigo de gracias innumerables de Dios. En ella tuvo lugar un acontecimiento importante en la vida de Mons. Luis Maria Martínez. Es el siguiente.

Es la víspera de la Navidad de 1930. Conchita está en Morelia terminando sus ejercicios espirituales bajo la dirección de Mons. Martínez.

La noche del 24 se traslada a la casa de la Cruz para celebrar la Nochebuena con sus hijas las religiosas de la Cruz. La comunidad tenía un serio problema: el P. Bravo avisó que no podía ir a celebrar esa noche por tener que asistir a la Pontifical que el Sr. Arzobispo, D. Leopoldo Ruiz y Flores, venido de la Ciudad de México, donde residía por sus funciones de Delegado Apostólico, celebraría en la Catedral. Imposible que faltara el Maestro de Ceremonias. La Superiora, M. Guadalupe Madrigal, inteligente y activa, se puso a buscar un sacerdote para esa noche… pero inútilmente:

Como último recurso, telefoneó al Sr. Obispo Auxiliar que era, precisamente, Mons. Martínez.

— Monseñor, he buscado por todas partes un sacerdote que nos venga a celebrar la Sta. Misa a medianoche, y no he podido encontrar ninguno. ¿No podría su Excelencia darme una pista para seguir buscando?

— Pues si tanta es la dificultad, ¿te parece bien que vaya a celebrarles el Obispo Auxiliar?

— ¡Ah, Monseñor, encantadas!…

Concha, algo repuesta de un cólico, asiste a la “Misa de Gallo”. Como era frecuente en aquellos años, Mons. celebró las tres misas de Navidad seguidas. Triple nacimiento en el altar, memorial del triple nacimiento del Verbo; el nacimiento eterno, de su Padre; el histórico en Belen, de Santa Maria Virgen; el íntimo, por la gracia del Espíritu Santo, en las almas.

Concha escribe en su diario;

“¡Que envidia de las tres Misas de Monseñor! hacia explosión mi corazón del fuego que me consumía.”

Terminada la tercera Misa, Monseñor se dirige al Nacimiento para tomar al Niño Jesús y darlo a besar a las hermanas:

¡Duerme y no llores!… cantan en el coro.

Misioneros del Espíritu Santo MoreliaA Monseñor, algo le pasa. Está a transformado, hondamente conmovido…

Con extrema delicadeza vuelve a depositar al Niño en el pesebre. Luego va a su reclinatorio y se pone a llorar como un niño.

Concha pedía más villancicos al coro.

Por fin termina la celebración. La comunidad sale de la capilla y Concha también, con la Madre Superiora.

Esta le comenta:

— ¿Qué le habrá pasado a Monseñor? ¿Por qué ese llanto?

Y ella, con su encanto inimitable, responde:

— ¡Ay tú, si el Niño Jesús se le fue a los brazos a Monseñor!…Misioneros del Espíritu Santo Morelia

Al ir a tomarlo, Concha vio cómo le tendió los bracitos y se fue a los suyos…

Las Religiosas de la Cruz de Morelia guardan esta tradición y al protagonista inmortal de la misma: el dulce Niño Jesús de aquella noche…

Tiempo después, una religiosa que tenía gran amistad con Monseñor y por lo mismo entera confianza con él, le preguntó sobre el asunto. Monseñor le precisó:

— Recibí una gracia muy grande… Sí, lloré, pero TODO FUE INTERIOR.

Y Jesús, quiso manifestárselo exteriormente a Concha[1].

 

Confidencias a los Sacerdotes

Misioneros del Espíritu Santo MoreliaEn esta casa se conserva la mesa en la que Concha comenzó a escribir las “Confidencias” de Jesús sobre sus sacerdotes. Es una mesa vulgar, pintada de azul y sin ninguna gracia. Corriente hasta decir basta. Sin embargo, sobre ella, se dieron las comunicaciones queridas por el Señor hacia sus sacerdotes; sobre ella, se iban escribiendo, una a una, todas las gracias y secretos que el Señor quería derramar a sus queridos sacerdotes, así como los medios para su santificación y los dolores profundos de Su corazón que aquellos le producían al no responder a su vocación.

Desde septiembre de 1927 hasta enero de 1931 es la época en que más se comunicó el Señor con Concha, con algunos intervalos de silencio con el fin de hacer ver que no era ella la que hablaba, sino Él por medio de ella, y que se comunicaba cuando le placía a Él y no cuando ella quería.

El tema fue uno solo: los sacerdotes. Presenta una visión muy clara de la realidad en este campo. Da toda una teología de lo que es el sacerdote y su espiritualidad, y propone los medios. Todos se pueden reducir a uno: su transformación en Cristo.

En cuanto a la misión de Concha en esta última etapa de su vida, serán los sacerdotes, a quienes amará como a hijos espirituales. Los medios para alcanzar su transformación en Cristo serán la oración, el sacrificio y la acción, en cuanto pueda. Esta misión abarcará a todos los sacerdotes: buenos, tibios y no buenos; a los sacerdotes   en   peligro,   a   los   sacerdotes   difuntos   y   los seminaristas.

Si el Señor le habla de los dolores internos que le causan los pecados de los sacerdotes es no solo para desahogarse con ella, sino también para hacerla participante de los mismos.

La mayor parte de estas confidencias se publicó en Morelia en tres volúmenes con el título “A mis sacerdotes”[2]. Recientemente se hizo la quinta edición en un solo tomo[3] y en 2005 una edición temática a cargo del P. Juan Gutiérrez[4].

El 24 de septiembre de 1927, estando ya en la casa de las Religiosas de la Cruz, escribe Concha:

“Recibía, ávida de consolarlo, sus dolorosas CONFIDENCIAS que repercutían, que hacían eco en el fondo de mi alma”

 

Concepción Cabrera de Armida

En esta casa guardan una pequeña nota que Concha les dejó como confidencia de Jesús en la que dice textualmente:

“Jesús aquí no debe tener lágrimas porque es su descanso. Que sea la Casa de la eterna sonrisa de Jesús”.

Entrega de amor triunfante

Uno de los motivos es que ahí descubre Concha que su vocación es a ser laica, en los ejercicios de 1930 consulto el caso con su director espiritual, el cual le dijo que renunciara para siempre a esa ilusión. Concha acata dócilmente, pero con gran dolor, la opinión de Mons. Martínez. El día 18 de diciembre de 1930, Concha comienza, durante sus Ejercicios Espirituales, una serie de entregas al Señor en la Casa de la Cruz, y el 28 de diciembre de 1930, precisamente a los pies de la custodia de la casa de las Religiosas de la Cruz de Morelia hizo lo que ella misma llama una “Entrega de amor triunfante“, renunciando para siempre a ser religiosa. Eso es motivo de una gran satisfacción a Jesús. Por eso es conocida así esta casa: “La casa de la eterna sonrisa de Jesús”. Veamos el texto de esta entrega:

 

Sacrificio. Entrega de amor triunfante

Misioneros del Espíritu Santo Morelia¡Jesús, Jesús amadísimo, Dueño de todo mi ser! Aquí, a los pies de esa Custodia querida, te voy a hacer el sacrificio, quizá el más grande de mi vida, porque encierra la muerte de todas mis ilusiones de casi toda mi existencia. Mira: yo vi en embrión el Oasis, lo vi engendrarse en mi alma, lo vi nacer, casi desbaratarse, y cruzar por mil vicisitudes, Tú lo sabes…

También sabes que a pesar de haberme costado tantas lágrimas en todas las épocas, la ilusión de mi vida de ser religiosa allí, de ingresar en ese santo lugar, siempre ha crecido en mi corazón. Sabes bien, Jesús del alma, cómo cada pedazo de corazón de madre, en los hijos que arrancabas de mi lado, venía una esperanza envuelta en lágrimas, sí, pero era esperanza de ser más tuya, en el silencio y unión Contigo.

¡Tú sabes tantas cosas…! ¡Tú conoces hasta los secretos de mi corazón que el mundo ignora… secretos de pureza, de unión, de intimidad, de sed ardiente de ser más tuya, de un hábito religioso, de más ligaduras Contigo, en fin, de un mundo de ilusiones santas…!

Mas; ¿para qué decirte lo que Tú has visto años y más años en el fondo de mi alma…? Pues bien, y vamos a lo esencial.

Hoy, mi Jesús, renuncio por tu amor, por tu voluntad, por complacerte, por consolarte, a esta dicha tan soñada, ilusión de mi vida, en favor de tus sacerdotes amados. Hoy aquí a tus pies te ofrezco, por las manos virginales de María, ese sacrificio del amor triunfante; ese ensueño acariciado de mi corazón pero que quiero que lo acaricie el tuyo, como sacrificio de suave olor, y que con toda el alma hoy te ofrezco.

¡Oh sí, mi amadísimo Jesús de todo mi ser! Que viva donde Tú quieras y muera donde fuere tu voluntad. Ya no volveré a tocar este punto en tu honor. Ya no suspiraré por ese hábito amado. Llevo tu monograma en el pecho, y a Ti, Vida de mi vida, en lo más hondo de mi pobre corazón. ¿Para qué quiero más? Me quedaré fuera del Oasis, como rótulo de hotel, “aquí es el Oasis;” como tu perro “Fiel”, como tu fiel perro, cuidando la puerta de ese Oasis, que todo es uno. Gozaré de las migajas de su mesa, y acá, afuera, sola, viviré a tu lado, a tu sombra, entre tus brazos, acompañada de María, haciendo tu obra, y llenando tus designios en tu Iglesia amada. El papel de una madre, ¿no es acaso sacrificarse siempre…?

Y si yo, mi Jesús, sirviera para mal ejemplo en tu Oasis, si yo fuera a hacerles daño, ¡mil veces no!, que quiero para tu consuelo, sólo perfección, sólo pureza, y santidad.

¡Adiós, pues, Oasis querido, ilusión acariciada!, ¡adiós para siempre!

¡Señor, no soy digna! ¡Qué cierto! Me plegaré feliz a la voluntad de Dios manifestada por mi Director. Me iré a luchar, a vivir en comedia, y ya no diré “fuera de mi centro”, porque mi centro es la voluntad de Dios, a la que estrecho y beso con toda mi alma. Si alguna vez corren mis lágrimas, por esta ilusión tronchada, no me hagas caso, Jesús mío, porque esa debilidad, será fruto de “lo que tengo de arcilla,” pero que, ha de triunfar, ¡oh sí!, sí, “lo que tengo de Dios”. Amén.

Morelia. Casa de la Cruz. Diciembre 28, 1930[5]

Durante esos mismos días, el Señor le dice lo siguiente:Misioneros del Espíritu Santo Morelia

— « ¿No recuerdas que Yo te dije que si me eras fiel, incendiarías a muchos corazones? “Mira, hija. Mi pago de tu Entrega de ayer es envolverte (en tanto cuanto me plazca) en fuego que encienda en mi favor a muchos corazones. Por eso lo sientes sensibilizado hoy, pero exterior u oculto, tu acercamiento producirá fuego de amor santo, incendios de divino amor. Aquí te dije que comunicarías pureza. Aquí te comuniqué las Confidencias, ¡tantas! Aquí te hice el eco de mis amores y de mis dolores. Aquí te hice depositaria de las gracias para mis sacerdotes. Aquí te hago fuego para quemar vicios y encender en muchas almas la viva llama de la caridad de Dios. ¿Estás satisfecha?»

— Señor; estoy aplastada, estoy confundida, pero me siento horno y quiero arder yo, primero con la cruz de tu corazón, porque ese fuego, el de la cruz, el de ese santo leño íntimo, que haga cenizas toda mi basura y la de las almas, sobre [56,257] todo, sacerdotales para limpiarlas, porque limpias, te verán, Jesús mío, y viéndote te amarán sobre todas las cosas, y se transformarán en Ti.

— “¿Te gusta el regalo que te hice hoy, que ahora en estos ejercicios te di, el fuego? y ¿quién es el divino Fuego sino el Espíritu Santo?”

— Señor, pero que no se me apague, que no se me enfríe.

— “No siempre será sensible para ti, pero existirá para bien de muchas almas, pero más, para las de los sacerdotes a quienes perteneces por tu unión íntima Conmigo”.

— Se me olvidaba contestarte que sí me gusta el fuego, y que te lo agradezco mucho, mucho, con todo mi corazón miserable. Señor: quiero sacar como fruto de esta gracia, el no ocuparme de cosas que no sean Tú. Los sacerdotes sí son Tú o deben serlo, pero ¿de los demás?

— “En todas las almas debes verme a Mí, y a la imagen bendita de la Trinidad”.

— Pero hay muchas almas feas que no son Tú.

— “Sí, pero en todas está la huella de mi bondad y de mi infinito amor. Anda, hija; es preciso incendiar el mundo sacerdotal, y al mundo sensual con el santo fuego del Espíritu Santo y de mi Corazón. Pero tú sabes bien qué produce el fuego devorador de mi corazón, su cruz interna de amor y de dolor, que expía y perdona, y ama, alcanzando gracias. Ruega porque el mundo conozca esta parte oculta de mi corazón.[6]

 

 La perla de Concha

Ella gustaba de hacer un juego dMisioneros del Espíritu Santo Moreliae palabras con su nombre Concha, que trae a su mente la imagen de la madreperla y le sugiere la idea de la unión íntima que debe haber entre Jesús y ella: Jesús es la perla; ella la concha donde aquella “se esconde y vive”. Pero quiere ser para Jesús una “cruz de concha” o “una concha hecha cruz”.

Pero “necesita ser tan pura que el oriente de la Perla divina seMisioneros del Espíritu Santo Morelia refleje hasta en el corazón de la concha hecha cruz, y la concha se vea retratada hasta en el corazón de la Perla, Jesús. ¡Qué unión tan íntima la de la Perla con la Concha, la de Jesús con la Cruz! Pero la concha oculta la perla porque es su tesoro, y la concha sin perla es un cuerpo sin alma, es la cascara sin fruto”[7]. En la capilla al lado del Sagrario hay una concha que encierra las peticiones escritas en pequeños papeles, de toda clase de personas, las cuales imploran la intercesión de Concha.

Ella le pidió a Jesús:

“Señor: te pido, por el amor que me tienes, que todas las peticiones que pongan en esta concha sean concedidas”[8]

Misioneros del Espíritu Santo MoreliaEn la base de la custodia del convento de las Religiosas de la Cruz, hay una concha que recoge esta característica de ser “concha de Jesús”. En ella hay una gran perla central que representa a Jesús, pero, a su vez, hay dentro de esta concha otra conchas pequeñas, cada una con su perla, que representan cada una de las hermanas de la comunidad.

 

 

 

 

 

[1]Religiosas de la Cruz. Conchita en Morelia. Edición privada. Morelia 1988
[2]Padilla Jesús Mª. Concepción Cabrera de Armida. Edit. La Cruz, México 1984. Tomo III, pp.404-405
[3] Cabrera de Armida Concepción. A mis Sacerdotes. Edit. La Cruz, México 1991
[4] Gutiérrez González Juan, Sacerdotes de Cristo. Concepción Cabrera de Armida, compilación y sistematización.
[5] CC 56,281-282.300-305; del 26 al 28 de diciembre de 1930
[6] CC 56, 255-258; 21 de diciembre de 1930
[7] CC 1, 396-397; 6 de febrero de 1894
[8] Vizoso Alfredo. Boletín “Concepción Cabrera de Armida” México, Año XV Nº5, sept-oct de 1985