Antiguo Seminario Tridentino

Datos históricos

 

Misioneros del Espíritu Santo Morelia
En la parte posterior del Templo de San Jose existía un panteón. En septiembre de 1849 el Gobierno clausuró el cementerio, mandó exhumar una multitud de cadáveres reinhumándolos en una gran fosa común. Más tarde las carmelitas compraron el predio al Gobierno para edificar en él su convento. Se comenzó la edificación que es la parte construida que vemos a un lado del templo, pero al poco tiempo, en virtud de las leyes de desamortización de 1857, fue expropiado.Una junta de vecinos compró al Gobierno tanto el edificio como el terreno adyacente y lo cedieron a las Hermanas de la Caridad, que, al ser expulsadas en 1874, se transfirió el terreno para que se edificara allí el nuevo Seminario.

El Seminario creció y se desarrolló en este lugar. Los formadores eran miembros de un clero joven con una gran vitalidad. En 1914 contaba con 500 alumnos. Se gloriaba de haber instalado el mejor gabinete de Física de la República. Tenía un observatorio astronómico y otro meteorológico y una biblioteca de 50,000 volúmenes. Y contaba con una escuela de Jurisprudencia.

En 1914 el Gobierno Carrancista, lo clausuró expropiando el edificio, los laboratorios y la rica biblioteca. Posteriormente el edificio se cedió a la Escuela Preparatoria de la Universidad Nicolaita.

En la Historia de la Familia de la Cruz

Misioneros del Espíritu Santo Morelia
Imposible borrar la huella que dejó en él Mons. Martínez después de 32 años. A las puertas de este Seminario vino a llamar, en enero de 1891, el futuro Arzobispo. Era todavía un niño, contaba apenas 9 años y medio.

Su carrera fue brillantísima. Sobresalían dos cualidades en él: una memoria privilegiada y una inteligencia clarísima.

Un rasgo esencial del carácter de Mons. Martínez era “su constante buen humor, su serena ecuanimidad, su optimismo incorregible, su alegría sana y contagiosa. Siempre tenía la palabra oportuna, la broma inofensiva, el comentario certero, la anécdota graciosa. Nadie podía estar triste en su compañía”[1].

Sin duda que, en su madurez, esa ecuanimidad fue fruto de una virtud consumada; pero, si tratamos de investigar su origen, la encontraremos en un notable equilibrio. Los médicos que lo trataron se admiraban de su energía para el trabajo, ya se tratara del estudio, en el que podía pasar largas horas, ya se tratara del ministerio, como predicaciones, confirmaciones, etc.

Si le preguntaban si estaba cansado contestaba: “No tengo el mal gusto de cansarme”. Cuando pasaba muchas horas en ayunas y trabajando, al preguntarle si le dolía la cabeza, decía muy en serio: “Pero, ¿qué duele la cabeza?”

Por eso un Prelado viendo que no podía resistir tanto trabajo como Mons. Martínez, le decía: “Yo no tengo cuerpo glorioso, como su Excelencia!”.

Cuando era Vicerrector del Seminario, esperaba que todos los alumnos se recogieran a dormir, reunía entonces en un lugar apartado a los catedráticos y se ponía a jugar a “la roña” y a hacer bromas, a veces pesadas.

Con estas desveladas era natural que fuera muy difícil despertarlo para celebrar la misa a las 06:00 horas, que era la de la comunidad. Uno de los alumnos tenía el cargo de despertarlo, pues tardaba entre 15 a 20 minutos llamándolo y sacudiéndolo, hasta que se lograba despertar. Él decía: “Anoche, tuve un gran insomnio: tardé dos o tres minutos para dormirme…”

Los seminaristas tenían esta regla para conocer el grado del buen humor del “Sr. Vice” como le llamaban: era la posición en que llevaba el bonete. Cuando todavía a medio despertar llegaba a la capilla antes de las 6, el bonete casi cubría las cejas. A medida que iban pasando las horas, el bonete iba subiendo hasta que en la noche casi lo llevaba como solideo. Entonces el humor del P. Luis estaba en toda su plenitud.

Con él como Vicerrector el Seminario estaba en su apogeo cuando comenzó la Revolución Mexicana. En junio de 1914 se desató la persecución religiosa, que se agudizó con el triunfo de Obregón en Agosto de 1914. Muchos sacerdotes fueron apresados, fusilados o desterrados. Las religiosas fueron expulsadas de sus conventos. Los templos profanados y clausurados. Se prohibió el culto público. Los seminarios y todas las propiedades de la Iglesia fueron confiscados.

Los carrancistas en su camino hacia la Ciudad dc México, se preparaban para hacer su entrada a Morelia; la alarma cundió en toda la ciudad. Los superiores del Seminario, por prudencia, ordenaron desalojarlo. La noche del 31 de julio de 1914 muy tarde acabaron de desocupar el edificio. Toda su vida de trabajo desaparecía. Él comentó más tarde, el 27 de junio de 1927:

“Perdimos todo, Señor, hasta el derecho dc vivir; y envuelto en el manto de la desesperación hubiera exhalado las truenos desgarradores del Profeta sobre auqellas ruinas sagradas y dulcísimas… ¡Señor, todo se ha perdido, todo: menos la grandeza de vuestra obra y la inmensidad de nuestro cariño…!”[2]

Después de esta dolorosa prueba para su Fe, el Seminario se repartió en casas y éi los siguió atendiendo con gran celo y preocupación por su formación hasta que en 1922 fue nombrado Obispo auxiliar, pero la formación de los sacerdotes fue una constante a lo largo de su vida. Por otra parte es de notar la profunda esperanza y optimismo con que Mons. Martínez enfrenta estas situaciones tan complejas.

Entre los sus alumnos que después entraron a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo y que también convivieron con él en este lugar están:

  • Edmundo Iturbide Reygondaud (Superior General de los MSpS al morir el P. Félix, fundador de las Misioneras de Jesús Sacerdote y las Hermanas de la Veracruz Hijas de la Iglesia).
  • Felipe López Hurtado (Misionero en Baja California y fundador de las Oblatas de Santa Marta)
  • Manuel   Hernández   Cisneros (De los   más   grandes   promotores   vocacionales en   la Congregación)
  • Jose Guadalupe Treviño Tapia (Escritor, Director Espiritual de Mons. Martínez.)
  • Vicente Méndez Ramírez
  • Siervo de Dios Pablo Guzmán Figueroa (En proceso de canonización, fundador de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad)
  • Félix María Alvarez

Hoy podemos aun ver la que fue su oficina y la Biblioteca en la planta alta y en la planta baja lo que fue la capilla del Seminario.

 Misioneros del Espíritu Santo Morelia “Los de Morelia”
Fila de arriba, de izquierda a derecha: Edmundo Iturbide, Felipe Torres y Pablo Guzmán
Fila de abajo, de izquierda a derecha:Vicente Méndez, José G. Treviño y Manuel Hernández

 

[1] Treviño J.G. Monseñor Martínez. Edit. La Cruz 1956, p.52
[2] Discurso a los seminaristas de Mons. Martínez, el 27 de junio de 1927