Tú eres el lider de tu propia felicidad

       Davíd Pérez

Desde el inicio de tu vida tu propósito es ser feliz. A eso viniste a este planeta, a ser feliz. Y empiezas desde que eres niño a buscar tu felicidad, estando ésta en todas las etapas de tu crecimiento. La mayor parte del tiempo la vida no te habla, solo te empuja de un lugar a otro y con cada empujón te recuerda y te reafirma que ante todo lo que te pasa, todo lo que decides y todo lo que resulta de tus decisiones se produce un aprendizaje: de ti depende cómo lo tomas, si eres una persona que lo ve todo como sufrimiento o si eres una persona que se levanta y continua caminando. El ser humano en su aprendizaje de la vida y de su vida, cae y es su obligación levantarse, aprender y seguir.

Y ahora en el presente estas en el camino de la búsqueda de la felicidad y no eres el único. Son millones de seres humanos que hacen lo mismo que tú, se preguntan lo mismo que tú y se plantean un sin fin de cuestiones de la vida al igual que tú. Es por ello que te puedo decir que tú eres el líder de tu felicidad, si así de simple, no dependes de nadie más. Tú eres líder para ser feliz en tú vida, y no es egoísmo: es tener la capacidad de decir «¾yo soy una persona y soy una creación del universo que tiene la obligación de ser feliz».

Por supuesto no puedes dar algo que no tienes. Supongamos tienes una pareja, los dos se quieren pero tú al estar solo te sientes vacío y sabes de antemano que tu pareja te ama, lo cual tú vacío no es más que la resultante de que tú le estas exigiendo a tu pareja que solo llene tu vacío en lugar de que sean un complemento. En sencillas palabras, debes de amarte, reconocerte y aceptarte, y veras cómo la felicidad brota dentro de ti hacia fuera, una felicidad sin máscaras y desde ese momento tu pareja vera tu felicidad y los dos se complementarán.

Ahora bien te he dicho que eres el líder de tu felicidad; y ¿eso con qué se come o cómo es?, te preguntarás…Te lo pondré con un ejemplo. Imaginemos que eres un barco, y estas navegando en el mar y tomas el timón, controlas tu barco, tú fijas el rumbo y solo sueñas con llegar a una tierra nueva. Y navegas tranquilamente hasta que por cuestiones del rumbo se aproxima una tormenta y en tu mente hay cuatro pensamientos. El primero es: te regresas y esperas que pase la tormenta;  el segundo: te enfrentas a la tormenta y que sea lo que resulte; el tercero: cambias el rumbo; y el cuarto: no haces nada. ¿Qué idea o pensamiento decides tomar y hacer?. Los cuatro tienen consecuencias en las que va implicada tu felicidad y te dirán qué tan líder eres de tu vida. Hay dos pensamientos que nos hacen reaccionar instantáneamente sin pensarlo es el primero y el cuarto; esto se debe al miedo de arriesgarse a lo desconocido, el dar el paso a una nueva manera de ser felices y el miedo es el producto de una serie de creencias y prejuicios impuestos desde que fuimos niños. Así nos educaron, a tener miedo de lo que no está dentro de un sistema ya establecido llamado sociedad. Pero de ti depende romper con tus miedos, y hacer lo que realmente te lleva a la felicidad, tomando el rumbo de tu vida y en esa búsqueda vives momentos significativos que te hacen aprender de la vida.  

Tan simple: el barco eres tú, lo que eres y cómo eres; el mar es la vida, el entorno en donde te desenvuelves, lo que vas aprendiendo y asimilas; el timón es tu liderazgo, que da sentido a tus decisiones en vida de acuerdo a los que te pasa; la tormenta y los pensamientos son las decisiones que tomas ante las situaciones sean externas o el resultado de tus acciones.

Ahora bien planteate las siguientes preguntas: ¿Quién soy yo?, ¿Qué me gusta hacer?, ¿Dónde me gustaría vivir?, ¿Cómo quiero vivir?, ¿Con quién quiero vivir?, y ¿A dónde quiero llegar?, estas sencillas preguntas te darán una visión más exacta de lo que quieres en tu vida. Ahora veamos de qué manera funciona nuestra mente al momento de tomar decisiones.

  • En un primer plano, al tomar cualquier decisión en tu vida, está tu visión de comodidad, que es: «espera las cosas llegaran».
  • En un segundo plano, en tu lógica de la razón, está tu visión es protegerte, porque eso que puedes decidir te puede lastimar.
  • En un tercer plano está la visión de lo que las personas pueden pensar de tu idea o decisión a tomar: «eso que intentas es imposible, estas demente».
  • En un cuarto plano esta tu visión de lo irrazonable: «arriésgate, atrévete, vívelo, créalo…, las posibilidades son perfectas para hacerlo realidad»
  • Y en un quinto plano está tu ser interior, lo que reamente impulsa tu felicidad. Recuerda que todo lo que buscas está dentro de ti, tu felicidad es una lámpara que brilla intensamente, solo es cuestión de que esa luz ilumine todo tu cuerpo. Tu visión es «hazlo toma acción en tu vida, se el líder en tu sendero, toma el timón y dale rumbo a tu barco, y sé feliz».

La calidad de tu liderazgo depende de la calidad de tus conversaciones contigo mismo, hay una frase que dice “eres lo que piensas, al pensarlo lo estas creando”. Yo te diría si lo piensas hazlo realidad no esperes a que llegue, si tu felicidad depende de ello arriésgate y vívelo.

Sé el líder de tu vida, y sé aquel niño que tiene sueños y metas; aquel que cree que su vida dispone de un sin fin de posibilidades; aquel que ríe y le da sentido a la vida, que transforma e innova en su entorno interior y exterior. Sólo tú eres el constructor de tu vida.

David Pérez

 

Habla Nadir, discípulo de la comunidad de Colosas

P. Eduardo Suanzes, msps

P. Eduardo Suanzes, msps

Pablo nunca había venido a Colosas por lo que la recepción de una de sus cartas a nuestra comunidad nos llenó de especial alegría. No estábamos muy lejos de Éfeso, en donde él vivió por un par de años, así que cuando Epafras, su discípulo directo, nos dijo que había llegado una carta de él nos reunimos todos en su casa para saborearla juntos.

Yo soy judío de pura cepa y desde el año 61 vivo en esta ciudad de Colosas, en medio de la región de Frigia, en Turquía. Me llamo Nadir y todos me tienen un especial cariño y deferencia porque conocí directamente  a Jesús, cuando todavía era joven.

Era media tarde cuando comenzó Epafras con la lectura de la carta de Pablo y las horas pasaban suavemente, pues de tanto en tanto se detenía para que comentáramos lo que Pablo nos quería decir. Ya era de noche cuando,  casi al final de la carta,  Epafras leyó aquello de:

«Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios… Revístanse del nuevo yo…que Dios los creó a su propia imagen»

Casi instintivamente me eché las manos a la cara cubriéndome los ojos tratando de evitar que la comunidad descubriera mis lágrimas. El intento fue en vano, pues el mismo Epafras se detuvo en la lectura. Todo quedó en silencio. El saber que conocí a Jesús y mi reacción los puso sobre aviso de que algo había en la carta de Pablo que me había llevado a mi juventud.

Epafras cariñosamente esperó a que me calmara; me trajeron un vaso de agua y cuando alcé la mirada pude ver las caras de todos demandándome una explicación a mi reacción. Miré a Epafras y él asintió con su cabeza. Así que comencé a hablar atropelladamente.

He de decirles que tengo un hermano llamado Barak, comencé; él aún vive en Cafarnaúm y también conoció a Jesús. No nos llevábamos nada bien, sobre todo desde que murió nuestro padre. Cuando Barak  salió con eso delante de Jesús y en medio de toda la gente, sacando a la luz pública nuestras broncas familiares, quise tirarme a su cuello y zarandearlo como se hace con un sonajero. ¡Semejante traidor! ¿A qué sacar esto delante de todo el mundo, y delante del Rabí?. Me la tenía guardada; no cejaba en su empeño de tener parte en la herencia que nuestro padre me  dejó, y así se quejó con Jesús. Sí, teníamos el mismo padre, pero él era hijo de otra mujer; así que no me viniera con cuentos, pensaba. Desde que nuestro padre murió mi “no” fue rotundo y la Ley me amparaba. Cuánto odio sentí por él en aquel momento! Ese patrimonio era mío y sólo mío y por Dios que él no iba a tener nada de eso. Todo el mundo me miraba y yo con mi rostro encendido por la ira.

El Rabí me miró de soslayo cuando mi hermano terminó de hablar; sabía que se trataba de mí porque mi hermano no dejaba de señalarme y las miradas de todo el mundo me delataron. Pero Jesús solo me miró durante un instante y no puso en mí demasiada atención. ¡Cuánto alivio sentí cuando el Rabí nos dijo que él no estaba ahí para ser juez de nada y mucho menos de distribuidor de herencias! .

¡Toma ya! ¡Chúpate esa!, pensé para mis adentros, mirando a mi hermano. Todos voltearon inquisitoriamente a Jesús sin entender lo que él estaba diciendo. Dejé de ser el centro de atención y eso me alivió.

De pronto, siguió hablando Jesús diciendo que la felicidad, que la vida de un hombre no dependía de la abundancia de sus riquezas, todo lo contrario: que la felicidad estaba en vaciarse en favor de los demás…

¿Pero qué dice este?, comentaba la gente, ¡si Dios bendice con riquezas la vida del hombre! Y continuaba afirmando el Rabí que las cosas del hombre, las posesiones, las riquezas, el tener, el llenarse de todo, no es lo que nos hace felices; lo que le hace feliz a un hombre, continuó,  es llenarse de las cosas de Dios. y para llenarse de Dios hay que vaciarse primero.

Todo el mundo enmudeció a la vez por el desconcierto. ¿Cómo es esto posible? Viendo la incredulidad de la gente, Jesús nos contó un cuento que hablaba de alguien muy rico que había tenido una cosecha inmensa y que para darse a la buena vida por el resto de sus días, construyó unos graneros muy grandes para retenerlo todo y vivir de la rentas. Esa era la única aspiración de aquel individuo. Y yo vi que estaba hablando de mí. Esa era mi única aspiración en este mundo: disfrutar de la herencia de mi padre y darme a la buena vida.

Para dar más énfasis al cuento, y que comprendiéramos lo que nos quería decir, el rabí lo concluyó relatando que aquel hombre rico murió esa misma noche. Y así concluyó.

Al poco rato todo el mundo se fue, pero yo me quedé. Mi hermano Barak también desapareció pues entendió que sus expectativas con relación a Jesús no se habían cubierto. Pero yo me quedé como un pasmarote, de pie delante de Jesús, mudo. Él ahora sí que me miró, y no solo eso, se acercó a mí sonriendo. Sus doce amigos me miraban con desconfianza y con sentencia condenatoria. Pero Jesús no. Nos sentamos sobre unas piedras y me preguntó:

—«Nadir ¿lo has comprendido?»

Yo no sabía qué responder; algo me quemaba el pecho por dentro, pero seguía sin entender. Era como si un abismo de luz se estuviera abriendo delante de mí, pero no comprendía nada. Jesús continuó:

—«Mira, Nadir. Tú eres imagen de tu Padre Dios. ¿Estás de acuerdo con eso?».

Después de escuchar mi “por supuesto”, siguió:

— «Pues si eres imagen de Dios significa que solo podrás reconocerte cuando le miras, cuando te reconoces cuando te ves en un espejo. ¿Lo entiendes?. Sí, respondí. Pues si tú eres lo que eres cuando miras a Dios, serás feliz, encontrarás la vida, solo con lo que Él es feliz. ¿Me sigues?. Y Dios es sobre todo y por encima de todo misericordia. La misericordia es lo que define a Dios. Esto quiere decir que tú verdadero yo, es decir, lo que te realiza como ser humano es precisamente eso: ser misericordia.

Si Dios es misericordia es porque se inclina ante el hombre desvalido; porque el fiel y jamás abandonará al ser humano; porque te ama con un amor entrañable que está más allá de cualquier comprensión. Es decir, Nadir, que Dios se vacía de sí mismo solo, solo por amor a ti y, solo por amor a ti se te da completamente. Él es tuyo y para ti y le encanta ser así por ser tuyo y para darse a ti. Esa es la felicidad de Dios. Con esto te estoy diciendo que tú solo podrás ser feliz, tener vida, si te das, si te vacías con tu hermano; te digo que experimentarás tu verdadero ser cuando lo hagas de todo corazón.

Las cosas no son válidas en sí mismas, son una ilusión. Son válidas en cuanto te acercan a lo que tú eres en realidad: solo misericordia. Si tienes algo, dalo; si has logrado con tu esfuerzo algo, dalo. Yo te llevo a la ganancia por el extraño camino de la pérdida. Ese es mi camino y no conozco otro».

Volví a Cafarnaúm y llamé al juez. Me deshice de la herencia de mi padre en favor de mi hermano. Él disfruta de la vida regalada en Cafarnaúm sin entender todavía qué pasó aquel día, sin saber que yo encontré la auténtica con Jesús.

La comunidad quedó muda y Epafras se puso a orar en silencio. Todos le imitaron. Yo continuaba entre jadeos recordando aquel día con Jesús en que mi vida cambio de medio a medio.

A la sombra de la encina de Mambré

P. Eduardo Suanzes, msps

P. Eduardo Suanzes, msps

Eran las 3:00 de la tarde. El calor era tan espeso que el aire se podía cortar con un cuchillo. Las cigarras no paraban de cantar, y mientras Sara descansaba en el interior de la tienda, yo trataba de refrescarme bajo el toldo de la entrada, sentado, con una rama de palmera en la mano, a modo de abanico, para espantar las moscas. En esta hora no se podía hacer nada en ese campo de Mambré y era el momento en que los criados también se echaban una siesta. Hasta el poco ganado que tenía en el establo reposaba silencioso, escapando del sol abrasador, desparramados en alguna sombra furtiva. Solo se oían las cigarras. Ni una mota de viento. Era la típica tarde de verano en Mambré.Pensaba para mis adentros que estaba contento; que este encinar en el que habíamos recalado me encantaba. Aunque Sara y yo no habíamos tenido hijos era la mujer que me había hecho feliz. Ya éramos muy mayores y pronto las fuerzas para ir de un lugar a otro iban a desaparecer. Este encinar nos encantaba. En cuanto ella y yo, hace algún tiempo, vimos desde lejos estos frondosos árboles decidimos acampar en el lugar, y pensábamos que deberíamos echar raíces aquí. Los árboles, viejos como nosotros, no muy altos, pero frondosos, frente a la tienda, daban una sombra agradecida y la tarde era una de las más apacibles de esta época del año. Sencillamente no me faltaba nada: era un hombre feliz.

Me estaba quedando dormido, pero súbitamente me desperté y no sabía al principio por qué. Eso era: las cigarras de pronto, todas a la vez,  callaron. De repente un suave murmullo hizo que alzara la vista. Sorprendentemente, las ramas de los árboles estaban moviéndose. Era una suave brisa, inesperada y muy agradable. ¡Qué extraño!, pensé, pero ¡qué apacible! Me fijé en que las cigarras seguían calladas, todas a la vez. ¡Qué raro! Me disponía a entornar los ojos de nuevo, cuando observé  que tres hombres estaban ahí, bajo una de las encinas, mirándome. El sobresalto fue mayúsculo, como es natural, pues no es que circule mucha gente de Canaán por estos lugares.

Rápidamente, como lo exigen nuestras costumbres, salí corriendo y me dirigí al que parecía el jefe de ellos y le saludé como mandan nuestras tradiciones. Le dije, como es nuestra obligación, que se quedaran, que les lavaríamos los pies para refrescarles y que descasaran a la sombra de esta imponente encina bajo la que estábamos. Mientras tanto, les prepararía algo de comer. Aceptaron agradecidos.

Llamé a unos de mis criados para que preparara agua y toallas. Le dije que lavara los pies a  los caminantes. Se puso con ello.

Volví corriendo a la tienda y desperté a Sara y le expliqué lo sucedido.

— «¡Habrá que hacer pan!», me dijo.
—«Eso pienso yo; anda, ponte con ello; son tres, así que haz tres hogazas»
— « ¿Tres?», protestó. ¡Nos quedaremos sin harina!
—«Sí, tres, Sara, por Dios; son caminantes, viajeros, nuestros huéspedes; tenemos que darles lo mejor, no hay que escatimar. Yo me voy al establo a matar un ternero».
—« ¿Pero si nada más tenemos dos?», me espetó.
—« ¿Dejaré de saberlo, Sara? Tenemos que darles lo mejor. Así lo mandan nuestras costumbres para tener la misericordia de Dios. De Él hemos tenido siempre su cuidado; nos sacó de Ur, de Caldea; nos protegió de los bárbaros de estas tierras, incluso de Egipto ¿no lo recuerdas? Además ha hecho una Alianza contigo y conmigo: nos prometió un hijo, no podemos desairarle con estos viajeros».
—« ¿Un hijo? ¿Otra vez con eso Abraham?, se carcajeó. Mírate, por Dios: tú con 100 años y yo con 90. ¿A dónde vamos con eso Abrahamcito de mi vida y de mi corazón? Ya tenemos a Ismael, el hijo tuyo con esa esclava egipcia Hagar. ¿No te basta con eso? Por Dios, mírame, es que me mondo de la risa».
—«Vaya Sara, haces honor al nombre que el Señor quiere que le pongamos a ese hijo de la promesa: Isaac; haces justamente lo que ese nombre significa: te ríes y te ríes. No Sara, proseguí, Dios me prometió la descendencia contigo; la alianza que hizo se refería a nuestro hijo. Pero dejemos eso ahora, que los viajeros está esperando. Ponte a hacer el pan.

Dejé a Sara carcajeándose de mí. ¡Cuánto la quiero!

Me fui al establo y de los dos terneros elegí el mejor, diciéndole  a uno de los criados que lo preparara para asarlo. Ante su mirada de protesta tuve que enfadarme para que me obedeciera al punto:

—« ¿Es que en esta casa todo el mundo ha perdido el oremus?» ¿Es que nadie me va a hacer caso a la primera? ¡Pero qué pasa por la sesera de este criado!

Adivinando mis pensamientos, el criado no rechistó. Cuando estuvo preparado el ternero pasé otra vez por la tienda para recoger los panes que Sara me dio con su clásica sonrisa irónica. Acentuó burlonamente más su chanza sobre mí, contorneándose, a sus noventa años, como si tuviera veinte. Sabía cómo hacerme reír. Así es ella.

Se apostó junto a una abertura de la tienda para expiar desde ahí a los viajeros. Lo desaprobé, pero, como en tantas otras ocasiones, no me hizo el menor caso, y  agitando las manos me indicó que saliera de la tienda. Salí y me sorprendí de nuevo. Las hojas de las encinas continuaban moviéndose de un lado para otro; el viento era suave pero perceptible. No era normal en esta época del año. Las cigarras seguían mudas. Aquí estaba pasando algo. Todo era muy extraño. El viento sobrevino justamente cuando aparecieron estos viajeros. Alcé de nuevo la vista y observé cómo el que parecía el jefe me miraba fijamente como sabiendo lo que estaba pasando por mi mente. Y por mi mente solo pasaba un nombre: Yahvéh. Solo Yahvéh. Estaba adorando sin darme cuenta mientras le miraba.  Ahí estaba yo parado delante de la puerta de la tienda mirándole y él mirándome desde la encina. Yahvéh. Solo Yahvéh.

Me di cuenta que en la mano izquierda tenía el pan y en la derecha un plato con carne asada. Así que reaccioné y me dirigí a la encina. Volví a la tienda  por requesón y leche y les preparé la comida sobre la hierba. Comenzaron a saborear el ternero asado con el requesón, y, como es nuestra costumbre,  permanecí de pie junto a ellos por si precisaban de alguna otra cosa. El jefe de ellos me miraba con agradecimiento y ternura, sonriéndome de tanto en tanto. Yo no podía dejar de observarle. Más de una vez nos quedamos mirando el uno al otro sin decir nada. El tiempo pasaba sin darme cuenta. Solo eso bastaba: él mi miraba y yo le miraba.

De pronto me preguntó por Sara y le dije que estaba en la tienda. ¿Cómo supo el nombre de mi esposa? Ese fue mi primer pensamiento, pero no le dije nada, solo le contesté. Entonces fue cuando me dijo que había llegado el momento, que Sara iba a quedar embarazada de mí. Oí, preocupado,  otra vez la risa de Sara desde la tienda. Me prometió el visitante volver a pasar por el encinar el próximo año y que para entonces Sara ya tendría el hijo esperado: Isaac. Noté cómo Sara enmudeció como las cigarras y dejó de observar por la ranura de la tienda donde se apostaba.

Caí en la cuenta. Todo se explicaba. El viento suave, el movimiento de las hojas, el silencio de las cigarras y Yahvé, sólo Yahvé en mi pensamiento y en el corazón. Instintivamente me arrodillé mientras le miraba. Deseé que ese momento no se acabara nunca.

De pronto me dijo:

—«Mira mi Abraham: ¿Te acuerdas que hace un año te cambié el nombre de Abrán por Abraham, que como bien sabes significa padre de multitud?»

Le contesté afirmativamente.

—«¿Sabes por qué lo hice?», continuó. ¿Sabes por qué en ese día te prometí ser padre de un hijo con Sara, a tu edad?

No acerté más que a hacer una mueca de interrogación.

—«Pues lo hice, Abraham, para que te dieras cuenta que todos los encuentros conmigo son fecundos y producen alumbramientos. Que todos los encuentros conmigo generan vida allí donde hay sequedad, y que transforman los desiertos más espeluznantes en torrentes de agua llenas de vida. Sara, tu esposa, se ríe porque dice que está ya seca y que tú eres más viejo que Matusalén. Pero cuando alguien se encuentra conmigo lo transformo en un prado verde lleno de esperanza. Lo hice para que te dieras cuenta que cuando yo hago una alianza la hago para siempre y no hay nada, por imposible que parezca, que pueda minimizar mi cuidado para con quien la hago».

Y continuó:

—«Esta estupenda sombra de tu encina simboliza mi cuidado; esta magnífica sombra significa la sombra agradecida que cada uno tiene que buscar en su interior, porque ahí estoy yo descansando,  esperando para dar solaz, consolando. Pero me han de buscar en la sombra de la encina, en la sombra del madero. Llegará el día, continuó, en que mi alianza será personal para con todos los habitantes de la tierra, y será definitiva. Tengo un nombre distinto para cada persona que nacerá de ti; un nombre que encerrará en él lo más cálido de mi amor. Mi intención es que cada quien conozca su nombre, ése que le he reservado desde toda la eternidad y que me busquen en la sombra del madero».

De repente las cigarras comenzaron a cantar y el viento se calmó. Aquellos tres viajeros ya no estaban allí, pero yo vengo con Sara todas las tardes a la sombra de la encina a pasar largas horas en silencio. Ella, ya embarazada, llora de agradecimiento bajo su sombra. Descubro que de tanto en tanto sigue sonriendo, pero ya no de incredulidad, sino de esperanza. Allí mismo, quiso dar a luz a Isaac. Yo también lo quise. La sombra de la encina, y Yahvéh, sólo Yahvéh.

P. Eduardo Suanzes, msps

Dios misterio o dios enigma

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Eduardo Suanzes, msps

Dt 30, 10-14
Sal 68,14.17.30-31.33-34.36ab.37
Col 1,15-20
Lc 10, 25-37

Les voy a explicar la diferencia existente entre un enigma y un misterio[1] porque el tener claro estos conceptos es de vital importancia para entender lo que la Palabra hoy nos quiere decir en este XV domingo del Tiempo Ordinario.

El enigma es aquello que no quiere ser descubierto. Precisamente por eso es enigma; su esencia radica en no ser penetrado; en el momento que es adivinado, descubierto, pierde todo su sentido y desaparece. Se convierte en insignificante, que eso es lo que quiere decir perder el significado. Se mantiene como enigma mientras no sea penetrado: esa es precisamente la razón de su ser.  Es frío…, duro…, rígido…, metálico…, distante…, oculto…, y cuando más impenetrable es,  más grande y abrumador se presenta ante nosotros. Lo comparo con un mar, más o menos grande que quiere convertirse en un océano infinito sin fondo y sin riberas; sin embargo ese mar, pequeño o grande, ese océano, es de aguas congeladas en toda su extensión, tanto en su superficie como en su interior. Es impenetrable, no  deja ver su interior por mucho que lo intentes. Y si te lanzas a él te romperás la cabeza con más o menos daño para tu integridad física dependiendo de tu insistencia: a más intensidad, más daño para ti.

El misterio, sin embargo es la realidad que quiere ser descubierta. Su esencia te invita a penetrar en él. Quiere ser revelado…, es más, ¡se revela a sí mismo!, y en esto radica su sentido. Cuanto más es penetrado más se revela a ti y en esto radica su esencia. Es cálido…, dúctil…, blando…, amigable…, cercano…, abierto…, firme…, y cuanto más es penetrado más cálido y cercano se presenta ante ti. Yo lo comparo con un océano inmenso, de aguas cristalinas y acogedoras, que no tienen fondo ni riberas. Sus aguas son transparentes, frescas y contienen tesoros inimaginables que quieren ser poseídos por ti, desean ser poseídos por ti. La obsesión, por decirlo así, de ese océano es que te lances a sus aguas transparentes como el cristal para que descubras todos sus secretos, para que te enriquezcas con sus tesoros que te esperan. Al sumergirte en sus aguas, ellas mismas te llevan a la experiencia del hogar, de la pertenencia, de la plenitud, de tu sentido, de tus anhelos más profundos satisfechos. El misterio, cuando te acoge en su interior,  te hace experimentar que tú tienes sentido solo en él, porque en su interior descubres  quién eres en realidad. Es inagotable, y conforme penetras  más y más, más y más tesoros inimaginables posees.

La única condición para entrar en él es la de que confiadamente te arrojes a sus aguas, más allá de tus seguridades personales; más allá de sus deseos por controlar la situación. Lo único que te pide es que saltes; que dejes la ficticia seguridad de la roca exterior donde te apoltronas, la que controlas, la que conoces bien. Esa roca del ficticio encanto de la vida regalada que la sociedad actual propone como máxima expresión de la felicidad; que te presenta el misterio como un rollo teatral y aburrido propio de perdedores, viejas y curas desencantados y apartados de la vida real, porque la vida real es tu roca; la roca de la prisa, del beneficio a corto plazo, de la velocidad y del placer inmediato, no importa que sea fútil. Esa vida en la que tú eres el centro y en desde la que se realizan todas las medidas y cálculos. Esa roca exterior al misterio es mi roca. Esa roca tiene nombre propio y eres tú mismo.

Hemos rezado con el Salmo Responsorial: “Escúchame, Señor, porque eres bueno”.  Eso es verdad, Dios siempre escucha y siempre lo hace porque es bueno. Pero cuando vivimos a dios como enigma, como mar congelado,  y rezamos esta maravillosa oración, nos quejamos de que Dios no nos escucha cuando no obtenemos respuesta. «Yo le rezo, le rezo, con insistencia, pero no me escucha; ¡vaya Dios que es ése que deja pasar lo que pasa y no da respuesta a mis preguntas!». ¿Pero cómo va hacerlo si nuestro dios es un enigma, un mar congelado? El misterio te pide que saltes, que dejes tu roca. Eso es todo. Es un salto a lo desconocido.

Salto_al_vacioEsto exactamente es lo que se propone en la primera lectura. La relación con Dios puede vivirse  considerándolo como un misterio o como un enigma. (¿Cómo lo vives tú, por cierto?) Porque a veces parece que vemos a Dios como enigma y el decálogo, por ejemplo, lo vemos como normas impuestas arbitrariamente por un legislador envidioso de nuestra roca personal de la libertad. En ese momento el mar ante nosotros es un mar congelado. O, a veces, pensamos: «Uf, menudo rollo; eso del evangelio está tan lejos de la realidad como distantes están las galaxias unas de otras; ¿quién puede vivirlo? ¿Acaso eso puede transformar nuestra realidad? Mejor me quedo aquí, en mi roca, y voy  a misa todos los domingos y ya está;  ¿para qué saltar al vacío, a lo desconocido? Además, el evangelio parece ser como el horizonte, que cuanto más nos queremos acercar a él siempre está más allá».

Así, precisamente, se vive a Dios como enigma. La primera lectura te está diciendo que el misterio está ante tus narices, que está dentro de ti, que nada más necesitas saltar para darle a todo sentido. Que sí es posible, que es una realidad y que la prueba, como dice la segunda lectura, la tienes en Cristo Jesús. Él es verdadero hombre y verdadero Dios; pero por ser verdadero hombre, Él supo lanzarse totalmente confiado al mar del misterio amoroso de su Padre: eso es lo que hizo precisamente en su experiencia del desierto después de haber experimentado, en su bautismo, el amor implacable del Padre sobre Él. Él te dice cómo dar ese salto a lo desconocido, cómo abandonar la roca de tu propio yo para salir al otro, y al Otro. Te pide que te fíes de Él, no hay otra garantía. Él es la Imagen del Dios invisible, es decir, es el Rostro de la Misericordia del Padre. ¿Y cómo es ese rostro? El evangelio te abre al misterio de la misericordia de Dios.

Los dos personajes del evangelio, el sacerdote y el levita,  viven a dios como enigma. Ellos mismos se han convertido en enigmas incomprensibles sin significado; son como mares pequeños, insignificantes, congelados,  que viven a un dios, así mismo, congelado y enigmático. Ellos ven el abismo de vacío de su hermano  y,  como son mares congelados, no son capaces de llenar ningún abismo de soledad, ni de sufrimiento, ni curar ninguna herida que haya a su alrededor. Ellos permanecen en su conocida roca de adorar a un dios enigmático que les pide solo cumplimiento, es decir, control, seguridad, estima, adoración a sí mismos, y por lo tanto no tienen tiempo, ni quieren romper con esas curvaturas que les direccionan sólo hacia su propia roca. Prefieren estar conectados solo a sus celulares personales y a sus propias redes sociales farisaicas. Lo más que hacen es mandarse what’s apps entre ellos con sus celulares último modelo. Tal vez uno de sus mensajes sería:

— ¿Has visto a aquél que está tirado en el camino?

— ¡Sí, por Dios, seguro que se lo tiene merecido! ¡A saber qué es lo que habrá hecho!

— ¿Y lo sucio que estaba? ¡Madre mía, si hasta desnudo estaba…!

— Pero, calla, cortemos la conversación… que tengo que preparar la homilía de 07:30

(¡Ay!).

Como decía, con una frase terrible, pero no por eso menos cierta, mi gran maestro de Teología Moral, P. Dalmazio Mongillo, op, hace ya más de 40 años, (un santo, dicho sea de paso),  «los que viven en el enigma viven una espiritualidad incestuosa porque solo entre ellos y con ellos tienen relación, sin mezclarse con los abismos desconocidos y anónimos que se encuentran en los caminos de la vida»[2]. Terrible, pero esto es, precisamente, vivir a dios como enigma.

Sin embargo, el samaritano, símbolo de lo inapropiadamente inesperado, se presenta ante el abismo de vacío de su hermano en el camino como una fuente infinita de misericordia; como un chorro grandioso de mar de aguas cristalinas; como una cascada impetuosa, pero silenciosa, que llena todo vacío que encuentra a su paso. Es importante notar su actitud serena, pacificante y silenciosa. Nada de cacareos, nada de llamadas a la justicia con pancartas por las calles de Jericó. La misericordia es silenciosa y callada en el momento. Ya habrá tiempo después para todo lo demás: lo primero es el abismo de vacío de su hermano. Así es la misericordia.

Este es el que vive a Dios como misterio. Este es el que se ha lanzado al abismo omnipotente que todo lo llena. Un Abismo llama a otro abismo; y el abismo de vacío del caído en el camino se ve llenado por el Abismo de misericordia del que se baja de su cabalgadura, del que deja su roca personal, del que vive sumergido en el misterio. Y no lo hace desde la distancia, por control remoto: baja de su cabalgadura, se acerca, toca, cura, unge, sana, monta al anónimo en su posesión, lo acompaña, lo cuida y no lo abandona a su suerte.

Es importante que nos fijemos en un detalle que, naturalmente, a nosotros nos pasa desapercibido, del que no advertimos su fuerza, que tiene que ver con el lenguaje utilizado por Lucas en el evangelio. La Palabra nos dice que el samaritano al ver al caído en el camino se compadeció de él. Lo evangelios están escritos en griego, y el verbo compadecer en griego utilizado por Lucas, es el que en hebreo, en arameo, en el lenguaje de Jesús deriva de un sustantivo, raham, que significa exactamente, vísceras y seno materno, y acentúa más aún este matiz de piedad maternal. La traducción literal sería entrañas maternales. Pone de relieve esta palabra el carácter ‘entrañable’, ‘maternal’ del amor misericordioso de Dios puesto en el corazón del samaritano. ¿No se ha comparado Dios mismo a una madre, que lleva a su hijo en las entrañas? Se utiliza esta expresión para señalar aquel sentimiento íntimo, profundo y amoroso que liga a dos personas por lazos de sangre o de corazón, como a la madre o al padre con su propio hijo o a un hermano con otro.

La pregunta inicial del doctor de la Ley fue « ¿quién es mi prójimo?» Al final Jesús pregunta al revés: « ¿Quién se comportó como prójimo? ». Y el doctor de la Ley respondió: « ¡el samaritano!» Porque al acercarte al abismo de tu hermano no eres tú el que muestras el misterio al caído, es él mismo, el caído, el anónimo que recibe tu misericordia entrañable, quien te abre a la puerta del misterio: es él quien te sumerge más en él. Las cosas de Dios son al revés.

P. Eduardo Suanzes, msps

 

[1] Oí esta diferencia entre los dos términos al P. Amedeo Cencini en una conferencia sobre la Teología de la vocación en Cartago, Costa Rica, en Febrero de 2011. La idea original es, pues, suya.

[2] En una conversación informal mientras íbamos de camino al bautizo de una sobrina suya, en algún pueblo de Italia que no recuerdo, junto con mi hermano Jose Luís Fernández de Valderrama, msps, allá por los lejanos  1981

Habla la viuda de Naím

Habla la viuda de Naím

 

Camino como muerta en vida; el polvo me asfixia, el sol me abrasa sin piedad, el dolor y la amargura atenazan mi alma y la gente que me rodea me oprime sin compasión. Creen consolarme, pero quisiera gritar que me dejaran sola, que desaparecieran todos…No sé cómo puedo dar un paso después del otro. Las lágrimas me ahogan y si tenía el corazón partido con la muerte de mi esposo, ahora, al morir mi hijo, mi único hijo, ya no tengo corazón. Ni corazón, ni esperanza, ni vida, ni nada.

Oigo cuchichear a la gente que se pregunta de qué voy a a vivir, que quién cuidará de mí. No se dan cuenta que eso ahora a mí ya no me importa. Ya nada me importa. Quisiera decirles que me entierren con mi hijo, porque eso será a partir de ahora mi vida: una vida sin el amor de mi esposo ni de mi único hijo; una vida enterrada en la nada y en el desconsuelo.

Grito desde mi interior al cielo y no recibo respuesta, nada más que la de ese sol abrasador que me quema el alma; ni los ojos puedo levantar porque hasta de la luz quiero escapar ocultándome con el manto. El polvo me ahoga.

Somos una procesión que sale del pueblo con mi hijo en el ataúd delante de todos. Una procesión de dolor, de muerte, que sale y sale hasta de los poros de mi piel. No hay parte de mi cuerpo que no sienta el dolor amargo y profundo que sale por todas partes: me duele hasta respirar.

Logro, con esfuerzo, alzar un poco la vista y veo un montón de gente que viene a hacia la ciudad. Otra procesión, pero que entra, que quiere entrar. Gente desconocida por la que tengo que cruzar con esta pena y con mi hijo; me parece casi obsceno que invadan mi intimidad. Pero es extraño porque el que va en cabeza de ese grupo no va tanto hacia el pueblo: es como si viniera hacia mí. De tanto en tanto lo miro de reojo entre lágrimas. Se acerca cada vez más: es como si él no lo pudiera resistir, como si yo fuera un foco de atención al que se dirige con paso firme. De nada me conoce y yo menos aún.

Ya está cerca y no sé por qué razón el pulso muerto de mis venas se acelera a una velocidad que yo misma me espanto. Logro, por fin, ya ver sus ojos y es como si mi dolor fuera para él tan irresistible que no puede dejar de venir a mí. Ya está a un metro y veo cómo levanta el brazo para tocarme. Lo hace y me dice «no llores». ¿Qué no llore? ¿Pero cómo puede decir eso?

Él ve mis ojos inundados y, entre las lágrimas, puede leer mi rostro que le interroga: «Rabí, ¿cómo puedes decirme eso?». Instintivamente, como para refugiarme de la invasión del desconocido, de nuevo me cubro con el manto. Pero él insiste: es como si quisiera que mirase a sus ojos, que le mirara a él y no tanto a mi pena. No sé qué me duele más, si la muerte de mi hijo o levantar la mirada para mirarlo a él. Insiste en que le mire, en que salga de mi manto, que se ha convertido de pronto en una cueva protectora donde puedo agazaparme para aislarme de todo y de todos. El polvo es asfixiante…

No sé cómo pude hacerlo, pero lo hice. Y de pronto me encuentro frente a frente con su mirada que abraza mi dolor. Su rostro se interpone entre el sol abrasador y el mío, por lo que puedo observarlo claramente. Es como si él se convirtiera en la sombra fresca y reconfortante que me protege del hastío insoportable.

Solo es un instante, pero pudiera hablarte un millón de cosas de ese rostro. Lo veo claramente, como si el tiempo se detuviera. Ya nada existe fuera de ese rostro que es como el Corazón misericordioso de Dios. Ese grito al cielo de antes tiene en este rostro la respuesta. Ya no hay polvo del camino, ni sol abrasador, ni la gente me molesta. El dolor sigue ahí pero es distinto porque ese rostro, esa mirada, (¡qué extraño!) es como si curara mi dolor, no quitándolo, sino sanándolo.

Me vino rápidamente a la mente esa otra historia de una viuda en tiempos de Elías. Éste se alojaba en su casa y un día el hijo de la viuda se murió. Ella le echó la culpa al profeta como causante de su desgracia. Recuerdo cómo en la historia se decía que el propio calor de Elías resucitó al hijo. El profeta era como el abrazo vivificante de Dios.

Este Rabí es ahora ese abrazo del mismo Dios para mí. No me pregunta nada sobre mi vida, ni si tengo fe, ni si creo en Dios. Es solo mi dolor el que lo tiene delante de mí y el que ha hecho que se acercara: solo mi dolor.

De pronto se dirige al féretro y lo toca con un gesto explícito. Toca aquello que separa a mi hijo de mí; aquello que impide que yo lo vea, que lo sienta cerca, que lo reconozca. Me doy cuenta que está tocando a la misma muerte haciendo que todo se detenga. Es como si con su gesto quisiera decirme que con él tengo a mi hijo más cerca que nunca. El abismo entre mi hijo y yo desaparece y, aunque el dolor persiste y siempre estará allí, ya no me atenaza, ni me impide levantar la mirada. Noto que ya no me oculto bajo el manto y que puedo levantar los ojos al cielo con una extraña serenidad cargada de paz.

Nadie de las dos muchedumbres se está dando cuenta de lo que está pasando. Ni de la muchedumbre que sale ni de la que entra. Pero al tocar el Rabí el ataúd todo se ha detenido: el movimiento ha cesado, es como si ya nadie ni saliera ni entrara. Lo único que importa es que él está tocando el ataúd, que él está tocando la separación, la distancia, la pérdida, la ausencia…, la muerte, transformándola en algo nuevo, distinto y con sentido.

En un segundo hago un repaso de lo que ha pasado hasta ahora. Cuando salí de casa hace un rato no había otras palabras que agobio infinito que describieran mi interior. Al acercarse este hombre, atraído solo por mi dolor y yo consentir que lo tocara; al escuchar su voz para que no llorara y levantar la mirada para ver su rostro; al no ponerme ninguna condición, ni hacerme ninguna pregunta de si creo en Dios o si dejo de creer; ahora que ha tocado el ataúd de mi hijo y todo se ha detenido, no me reconozco a mí misma. Es como si él sólo quisiera tocar mi dolor y que yo le dejara hacerlo: solo eso.

Y, de pronto oigo el grito, «¡qum!», que en tu idioma significa «¡levántate!». La gente comenzó a asombrarse y llenarse de temor gritando y vociferando que un gran profeta había sido enviado por Dios. Pero yo no quería perderlo de vista. ¿Dónde se había metido? No quería alejarme de él. Tenía a mi hijo, otra vez, de una manera nueva y distinta entre mis brazos, pero no quería perder de vista al Rabí. Era el Rabí, el Rabí, a quien había que poner atención más que a mi hijo. Yo ya lo sabía: lo había visto en su rostro cuando miró mi dolor. La gente se quedaba en la superficie, en lo extraordinario…; pero el secreto, lo que en realidad había pasado, estaba en otra parte. El Rabí…, el Rabí hacía que yo tuviera a mi hijo vivo.

Así que, después de entrever dónde estaba el Rabí, agarré a mi hijo, vivo, y me fui detrás de él. Entraba en Naím. Le alcancé. Esta vez fui yo quien le tocó, quien quiso mirarle pidiéndole que viniera a casa. Ahora fue él quien me devolvió la mirada, y con ternura indecible accedió a venir nosotros: solos él, mi hijo y yo.

Mi pulso golpeaba mi sien a una velocidad increíble porque yo sabía que había pasado algo mucho más importante que los demás no habían visto. Nadie vio cómo él tocó mi dolor, tocó la muerte: eso nada más que lo vi yo. No sabía cómo poner en palabras lo que quería decir, pero él, una vez sentados en el suelo de mi casa, sobre unas pobres esteras de esparto, se adelantó y me dijo:

Mira Esther (¿cómo supo mi nombre?), no hay dolor humano que no provoque y haga explotar el volcán de la misericordia de Dios. Todo dolor es para Dios como la chispa que hace estallar su ternura. Simplemente no se puede resistir, forma parte de su ser. Y se derrama y desparrama en consuelo sobre todo aquel que sufre. Muchos se enfadan con Dios y arremeten contra Él porque le hacen causante de sus sufrimientos y no entienden que Dios es un Padre tierno que no desea el mal para ninguno de sus hijos, para ninguno, no importa que crean en Él o no. ¡El llora con el llanto humano, Esther!, simplemente porque es un Padre lleno de ternura por sus hijos. Por eso no te pregunté nada. Lo único que desea es que lo miren; que miren sus entrañas de misericordia de Madre y que el que sufre no se agazape en su tormento, como tú hacías al cubrirte con tu manto, sino que sepa mirarle para encontrar en Él el consuelo. Sé que es un gran esfuerzo, terrible, el dejar de mirar tu dolor para mirarme a mí, pero tú supiste hacerlo. Y es que Yo soy el rostro de la misericordia de Dios y quien me mira a mí ve a mi Padre que es solo misericordia. Ese calor de ternura que tú sentiste fue el calor del Espíritu Santo que es el soplo de esa misericordia de la que yo soy el rostro… Tú ya habías notado que tu dolor había sanado aunque lo seguías sintiendo, porque pudiste mirarme.

Aunque el Rabí se fue, ya tengo su rostro grabado en mi corazón y jamás dejo de mirarle, por eso mi hijo está vivo. Mi hijo, Lucas, que así se llama porque su padre, mi esposo ya fallecido, era de origen griego, como es natural, tampoco olvidó la historia y prometió un día escribirla para que todos supieran quién era ese Jesús de Nazaret, rostro de la misericordia de Dios y cómo la vida se abre paso con tan solo mirarle.

P. Eduardo Suanzes, msps

Mes de mayo en el Templo

Mes de mayo en el Templo del Espíritu Santo y de la Cruz

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Eduardo Suanzes, msps

Este mes de mayo ha traído consigo las dos fiestas más significativas del Templo de los Misioneros del Espíritu Santo en Morelia: la Santa Cruz y Pentecostés. Sin embargo, por razones pastorales, la primera, como caía en martes, la celebramos el domingo 1º de mayo. Adem1º de Mayo y Toma de Cruz (2) BRás, este año lo hacíamos con una intención especial: 40 miembros de la Pastoral de Adultos Apostolado de la Cruz tomaban la cruz. En efecto, después de ser evangelizados, después de tomar un curso-taller sobre la Espiritualidad de la Cruz y después de tener su retiro el fin de semana anterior, en dos tandas (unos el día primero de mayo, y otros el mismo día 3) tomaron la Cruz del Apostolado los nuevos miembros de la Obra del Apostolado de la Cruz, en la Pastoral de Adultos del Templo. El magnífico coro del Apostolado de la Cruz, que en su tiempo fundó el P. Luís Martínez Peñaloza,msps, amenizó la ceremonia de una manera soberbia.

Y así, poco a poco, se va continuando con la tradición y el compromiso que, desde 1920, este Templo y la comunidad tienen con nuestra espiritualidad.

1º de Mayo y Toma de Cruz (9)

Y es que no podemos olvidar las palabras que Nuestro Señor le dijo a Conchita en 1931; este fue el diálogo:

— Señor, ¿Por qué te siento aquí en Morelia tan cerca, como más sin velos como que absorbes todo mi ser?

— No te lo he de decir todo, pero nomás una cosa: que aquí he puesto el centro de tu amor a mí en los sacerdotes, es decir, en mi Iglesia; acuérdate que te dije que de aquí se derramaría el raudal de gracias en todo el mundo, en los sacerdotes. Es aquí ahora, el centro capital, el centro espiritual de las Obras de la Cruz por mis altos fines, la fuente que nutrirá los ríos de otras partes de otras naciones (CC 57, 275-278; 24 de diciembre de 1931).

IMG_1057 BRDos semanas más tarde comenzamos con el Triduo de Pentecostés, los días 11, 12 y 13. De él se encargaron, respectivamente, los padres Esteban, Gilberto y José Alfredo. El cometido del P. Eduardo era la música. Los temas fueron, en cada uno de los días: 1º ¿Quién es el Espíritu Santo?; 2º ¿Qué hace?; y 3º ¿Cómo lo hace?

Así, dimos paso el día 14 a la Vigilia. En un ambiente de oración contemplativa y amenizada por un grupo de jóvenes profesionistas, coordinados por el P. Eduardo, la Vigilia se vivió en torno a la Palabra y a los dones del Espíritu. Largos momentos de silencio contemplativo, que fueron vividos con pasión por la gente (no se oía ni una tos), y motivaciones aquí y allá invitaron a prepararnos para la fiesta del día siguiente.

Y así, el día 15, día de Pentecostés, previendo la falta de espacio del Templo, hicimos la celebración en el auditorio del Colegio Plancarte, como lo venimos haciendo en estos últimos años. En ella, renovamos los votos, tanto nuestra comunidad, como la comunidad de las Hijas del Espíritu Santo que reside en Morelia. Pedimos que en este año de Capítulos General y Provinciales el Espíritu Santo se derrame sobre su querida Congregación y sobre todo el mundo. Después, una kermés con sabor a comunidad nos sirvió de excusa para compartir y seguir pasándolo bien. Un abrazo para todos.

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Familia de la Cruz en Morelia


Evento día 24102015 Logo FINALEl pasado día 24 de octubre, con motivo del Año de la Vida Consagrada, tuvo lugar en Morelia un evento protagonizado por las congregaciones religiosas pertenecientes a la Familia de la Cruz que residen en esta ciudad. Éramos en total seis congregaciones religiosas que nos reunimos en el Auditorio del colegio Placarte para festejarnos y darnos a conocer a nuestra gente.Logo Familia de la Cruz (BR)

Las seis congregaciones religiosas de la Familia de la Cruz residentes en Morelia son, por orden de fundación:
  1. Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús
  2. Misioneros del Espíritu Santo
  3. Hijas del Espíritu Santo
  4. Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo
  5. Misioneras de la Caridad de María Inmaculada
  6. Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad

La Familia de la Cruz está formada por  laicos, religiosos y sacerdotes que al impulso del Espíritu Santo, como María, seguimos a Jesucristo que se ofrece al Padre por la salvación del mundo y trabajamos con Él por la construcción del Reino. En total somos 18 familias (de ahí las 18 estrellas que figuran en nuestro logo) formando una única familia: la de la Cruz, porque nuestro símbolo común es la Cruz del Apostolado, que define nuestra espiritualidad.

El evento lo preparamos a conciencia. Nos reunimos en varias ocasiones los representantes de cada una de las congregaciones religiosas. En un principio estaba planeado que se realizara en la Plaza de Morelos, pero temiendo por la lluvia y por lo costoso del entramado electrónico que conllevaría la puesta en escena, decidimos realizarlo en el colegio Placarte ya que, generosamente, las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, nos lo habían ofrecido. Técnicamente se disponía allí de todo lo necesario.

DSC06517Así que nos pusimos las seis congregaciones manos a la obra. El que amenizó del evento, así como el presentador de cada una de sus partes, fue el P. Gilberto Torres, msps. De la parte técnica (recolección del material electrónico, grabación, edición y distribución) se encargaría el P. José Alfredo Laso, msps. El P. Eduardo Suanzes, se encargaría, in situ, de la dirección del evento. El P. Esteban Rosado, msps, se encargaría, en su momento de presentar a los Misioneros del Espíritu Santo. Cada una de las congregaciones debería aportar un material audiovisual de no más de cuatro minutos; una presentación verbal de nos más de seis minutos completarían cada presentación. Por tanto, diez minutos para cada congregación.

DSC06496La gente comenzó a llegar y poco a poco se fue llenando el aforo. Cada congregación había movilizado a los laicos con los que trabajan. Otras religiosas de distintas congregaciones también asistieron. Los jóvenes del Templo de la Cruz daban a cada persona que llegaba un díptico elaborado por el P. José Alfredo Laso, msps en el que, por un lado, estaba la Cruz del Apostolado con la explicación de sus símbolos, y, por el otro, una breve descripción de cada una de las seis congregaciones. Además, se les daba una estampa de la Cruz del Apostolado con el Ofrecimiento del Verbo Encarnado. Las porras, los globos de distintos colores  y el ambiente festivo comenzaron a hacer su papel.

Comenzamos, y el orden del evento fue de este modo:

Decidimos que comenzaríamos amenizando el evento con el canto «Vida Consagrada», compuesto por Meche Casas,fsps y por Fernando Torre, msps.
El P. Gilberto Torres, msps introdujo el evento con una motivación del por qué y qué sentido tenía el acto que estábamos realizando enmarcado dentro del Año de la Vida Consagrada.

P. Gilberto Torres,msps

Se continuó presentando las figuras de Concepción Cabrera de Armida y de Félix de Jesús: un hombre y una mujer llamados por Dios para una misión. Se proyectó en ese momento el fragmento de la Obra Félix, el Musical que describe visual y musicalmente la personalidad de los dos y su vocación.  
Después se continuó con el encuentro entre Félix y Concepción: el encuentro fecundo de donde todo partió. También proyectamos en este momento la escena de la Obra Félix, el Musical que lo detalla.  
Continuaron las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús. La Hna. Cecilia,rcscj nos presentó  el testimonio de su llamado y de cómo el Señor la llamó desde su vocación de ser dentista a ser Religiosa de la Cruz (“más vale salvar un alma que un diente“,  concluyó). Luego se proyectó el video-canto Somos llamadas por el Padre, de la Hna. Catalina Martínez, rcscj.

Hna Ceci,rcscj

Acto seguido, los Misioneros del Espíritu Santo realizaron su presentación. El P. Esteban Rosado, msps nos habló de quiénes somos los MMSpS y cómo queremos ser; explicó cuál es nuestra misión; y, por último, cómo lo hacemos, es decir, nuestro estilo de vida. Continuó el P. Eduardo Suanzes, msps cantando la canción Nuestra hermosa vocación del musical de Félix, mientras se proyectaba detrás de él la escena del musical correspondiente.

P. Esteban Rosado, msps

La Hna. Tere Tejeda, de las Hijas del Espíritu Santo, nos explicó bellamente cómo la visión de la Madre Anita, cofundadora con el P. Félix de Jesús, de la Virgen María en su advocación de Madre de la Gracia inspira la espiritualidad de esta Congregación.

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Las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo nos presentaron su Congregación de una manera muy amena y ágil para después proyectar un video sobre su espiritualidad y misión. Además nos cantaron una canción preciosa

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Seguían las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, fundadas por el primogénito del P. Félix de Jesús, P. Moisés Lira, msps. También nos cantaron una canción preciosa sobre el “ser amor” y “solo amor” y “nada más que amor” para los hermanos. Nos presentaron su espiritualidad y proyectaron un video sobre su misión y estilo de vida.

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 Por último, las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, fundadas por el P. Pablo Guzmán, msps, explicado primero de palabra y luego con un video trepidante, nos aproximaron de una manera ágil y divertida a su espiritualidad y misión.

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El evento terminó con la foto de familia en la que las seis congregaciones subimos al escenario para guardar el momento para el recuerdo.

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Con el P. FélixPero la cosa no quedó ahí. El Equipo de PROVOC había mandado hacer una  fotografía de tamaño natural del P. Félix con “un compañero”  que podría ser cualquiera que se quisiera hacer la foto. Así muchos se juntaron con el P. Félix para hacer una fotografía con él. Fue un momento muy divertido en el que muchos participaron.

En fin, fue una fiesta en la que la gente que asistió se sintió involucrada  y participó con entusiasmo.

Además creemos que se dio una visión más amplia de la espiritualidad de la Cruz en Morelia. La gente comprendió que todos formamos parte de una misma familia, que somos ramas de un mismo árbol.

Damos gracias a Dios en primer lugar porque nos dio de beber de esta espiritualidad. Damos gracias a concepción Cabrera de Armida, al P. Félix de Jesús Rougier (fundadores de las Religiosas de la Cruz y de los Misioneros del Espíritu Santo), a la Madre Ana María Gómez Campos (cofundadora con el P. Félix de las Hijas del Espíritu Santo), a Emilia Casillas, Celia Acuña y Manuela Saucedo (cofundadoras con el P. Félix de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo), al P. Moisés Lira, msps (fundador de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada) y al P. Pablo Ma. Guzmán, msps y a Enriqueta Rodríguez Noriega (fundadores de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad), por haber respondido todos ellos al llamado de Dios, pues gracias a su entrega generosa somos sus hijos.

Galería 1 del evento

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Era neceario que el Hijo del hombre padeciera

 

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Eduardo Suanzes, msps

Encontramos en la segunda lectura cómo Santiago nos dice que la fe sin obras es una fe muerta, es decir, incapaz de dar vida; que las obras prueban la fe. ¿Cómo es esto? ¿Por qué las obras hacen posible que la fe quede patente? Y, por otro lado ¿qué tipo de obras? ¿Todas?…

La razón está en la esencia de la misma Palabra de Dios, en lo que ella es. La Palabra de Dios es creadora; como nos dice Pablo a los de Colosas, todo fue creado por Ella y para Ella; nada existe fuera de la Palabra, y todo tiene en Ella su consistencia. Quiere esto decir que, en sí misma, la Palabra de Dios es Acto, la Palabra es eficaz; la Palabra se expresa y se manifiesta activamente siempre. La Palabra del mismo Jesús, que se identifica con Él mismo, obra eficazmente en la gente que «la escucha y no se echa para atrás», como dice la Primera Lectura de hoy. Jesús sana los corazones y los cuerpos de aquellas personas que se acercan, lo escuchan y lo reciben. La Palabra penetra en ellos y transforma sus vidas, porque la Palabra es una Palabra viva, creadora, edificante (que edifica, que construye), eficaz…; es decir, realiza lo que dice.

Esto significa que la persona que acepta, por la fe, la Palabra, permite que esta transforme su vida y la mueva a dejar salir la misma Palabra trasformadora a través de sus actos. Es la misma fe la que hace que la Palabra viva actúe a través de la persona. Porque esa es la esencia de la Palabra de Dios: actuar. Vamos, que en lugar de decir que «Dios es Amor», que es lo más grande y sublime que podemos expresar de Él, podríamos perfectamente decir que «Dios es Amando», es decir, su amor es un amor puesto en acto, en movimiento, no está quieto…Él es (actúa) así.

¿Qué se puede decir de una Palabra que penetra en nuestros corazones pero no los mueve a dejarla salir, actuando, esa misma Palabra a través de nuestros actos? Pues exactamente lo que dice Santiago: que la fe que decimos tener está muerta; la Palabra se ha ahogado en el corazón de esa persona. El corazón se ha convertido en un inmenso dique que hace imposible la fuerza transformadora del agua que viene de lo Alto. El estanque se ha estancado; las aguas se han quedado quietas, dejan de oxigenarse y el oasis se ha convertido en un remanso de aguas pútridas, muertas, sombrías, oscuras…La persona retorna al versículo primero del Génesis en donde todo era oscuridad, desorden y caos. La creación se ha detenido y el Espíritu Santo vuela sobre nuestras aguas oscuras esperando el más mínimo movimiento de nuestro deseo para comenzar de nuevo la creación en nuestro interior.

No lo hemos leído en el evangelio de hoy. Pero seis días más tarde de los acontecimientos que se narran, sucede el episodio del Tabor. Seis días más tarde…, es decir, al séptimo día. Y es que en siete días Dios creó el universo. Con este dato Marcos nos está haciendo un guiño: todo este asunto, de lo que se trata es de una nueva creación. La acogida de Jesús realiza en el ser humano la nueva creación; hace salir al hombre nuevo, el verdadero yo, ése que es imagen del Creador. Jesús convierte al ser humano en un ser nuevo, transfigurado, capaz de contemplar su gloria. Pero debemos ser muy conscientes de todas las implicaciones. La nueva creación pasa por la cruz. Jesús lo dice muy claro en el evangelio: es necesario.

Pedro, quien más tarde querrá quedarse en el momento glorioso del Tabor proponiendo la construcción de tres tiendas, no quiere quedarse con lo primero, con lo que es necesario: la cruz; la rechaza. Pedro es nuestro prototipo.

Aparte lleva a Jesús para convencerle de que desista. Pero ¿por qué va a ser necesario? ¿No eres acasojesus-con-pedro1 el Mesías? ¿No te lo acabo de decir? ¿Para qué, pues la cruz? La gente dice que eres Juan el Bautista; otros que un profeta; otros que el mismo Elías esperado…. ¡yo te he dicho que tú eres el Mesías! ¡Haz lo que yo te diga! ¡Hazme caso!

Pedro refleja también todos nuestros intentos de manejar a Jesús; él traduce de una manera sin igual todas esas actitudes nuestras con las que volteamos la tortilla en el comal dándonos razonamientos (incluso muy religiosos) para no aceptar la cruz, para no aceptar el crecimiento, para rechazar la nueva creación; en definitiva: para no dejar salir nuestro verdadero yo, que es el de la entrega, la donación, el sacrificio. Dejar salir la Palabra de Dios del tesoro de nuestro corazón supone no considerarnos a nosotros mismos y a eso no está dispuesto el falso yo. Tan falso yo es este de Pedro al rechazar la cruz como el que sólo se quiere quedar con el momento de la gloria del Tabor. No: la nueva creación son los siete días: la cruz y el Tabor, el Tabor y la cruz.

¡Qué pena que la liturgia separe los dos momentos: el anuncio de la pasión del Tabor!; perdemos la perspectiva de lo que Jesús quiere decirnos.

En 1934, escribe Mons. Martínez, desde Morelia, a Concepción Cabrera de Amida, que está en el DF:

Mons. Luís María Martínez

Mons. Luís María Martínez

«Hay en nosotros una tendencia a encerrarnos en un círculo y a poner allí nuestras tiendas como deseaba san Pedro en el Tabor. Nos estacionamos y lo que es peor, todo lo que Dios hace para sacarnos de ese círculo y llevarnos más arriba, lo metemos en nuestro cartabón lo “estandarizamos” y lo hacemos ineficaz. ¡Cuánto trabajo le cuesta a Jesús sacarnos de allí! ¡Qué difícil es tener esa amplitud de espíritu, esa avidez de las alturas, ese convencimiento de que el lugar en el que estamos, no es cumbre, sino camino, un alto, a lo más, para alentarnos a subir más arriba, cosas tan necesarias para alimentar el germen divino del progreso del espíritu!

Por eso de tiempo en tiempo necesitan las almas del dulce llamamiento del Señor que les dice “más arriba”. ¡Dichosas las almas que saben escucharlo!

Mas para eso se necesita comprender que no lo sabemos todo, que vemos apenas lo que se domina desde el lugar en el que estamos; que arriba hay nuevos horizontes no sospechados, y que para subir, no debemos entender todo conforme a nuestro criterio actual, no debemos meter todo en nuestros cartabones adquiridos, sino que es preciso romper nuestros moldes».

(CC 61, 219-221; 8 de junio de 1934)

Efectivamente. El falso yo se encuentra tranquilo en su tienda, en su círculo estanco. Pedro se cree que ya llegó a la cumbre. Pero para llegar a la cumbre hay que aceptar, como fuente de vida, la cruz misma. ¿Por qué es fuente de vida la cruz?

Porque es la cruz, es decir, la negación de nosotros mismos por amor, la donación y la entrega, la que hace emerger la Palabra Creadora desde el fondo de nuestro corazón: a Dios mismo. Dejamos que Dios sea Dios en nosotros, continuando su creación desde nosotros. Hacemos que Dios sea Amando. Por eso en el Evangelio Jesús nos insiste en que para seguirlo a Él hay que renunciar a nosotros mismos y cargar con la cruz; es decir, arrasar con el falso yo, acabar con él. Porque Dios y nuestro auténtico Yo no están separados; aunque no somos Dios, Dios y nuestro auténtico Yo son la misma cosa. Mi centro de gravedad es Dios y acoger la Palabra de Dios supone, darnos cuenta que ese centro de gravedad coincide con lo que somos en realidad, porque somos su imagen. Darnos cuenta de esto, recibir la gracia de comprender esto, es un gigantesco paso en nuestra vida espiritual.

Crónica de un domingo especial

Crónica de un domingo especial
26 de julio de 2015

Un día anhelado por un tiempo, y esperado con ansiedad recientemente.

En el año pasado, con motivo del centenario de la fundación de la Congregación, en la comunidad de religiosos de Misioneros del Espíritu Santo de Morelia, tuvimos la “feliz idea” de implantar una cruz del apostolado en el atrio del Templo del Espíritu Santo y de la Cruz de esta Ciudad. Sin pensarlo demasiado, mandamos a hacer los símbolos de la Cruz en Jesús María, pues ahí hay alguien que se ha especializado en este arte. Hicimos la consulta con un ingeniero, para saber lo que se necesitaba, y la respuesta fue el primer golpe desmoralizador: hay que poner una zapata y una columna de por lo menos un metro de profundidad dentro de la tierra. ¡Esto cuesta dinero! Por si fuera poco, la elaboración en madera, trámites y permisos, resultaba incosteable para nuestra economía. ¡Ni hablar!Guardamos los símbolos para mejores tiempos.

Un matrimonio muy cercano a la Espiritualidad de la Cruz, y muy estimado por la comunidad de misioneros desde hace tiempo, se ofrecieron, para que en forma anónima costearan los gastos para este objetivo. Con tiempo, Gilberto consultó la idea con el Cardenal, la que aceptó con agrado, y él sugirió el lugar donde debería de quedar instalada.

Se iniciaron los trámites: Arquidiócesis, INAH, municipio, obras públicas, y con el tiempo necesario todo quedó cubierto. La semana del 20 de julio se inició la excavación, bastante profunda, para poner la zapata de base, a lo que alguien, con sentido del humor, puesto que por estos tiempos los túneles son famosos en México, preguntó, con mucho ingenio, que si queríamos construir un túnel ¿a dónde pretendíamos llegar?

Instalación de la Cruz (1)En el centro del socavón, los albañiles levantaron la columna de concreto para recibir el peso de la Cruz; el viernes se recubrió la columna con cantera traída expresamente de Tlalpujahua para este fin. El sábado ya estaba la base lista parInstalación de la Cruz (3)a recibir la preciada carga.

Mientras, la Cruz de madera, construida de un solo árbol, era preparada cuidadosamente, y repasada una y otra vez, con el procedimiento adecuado, para protegerla del medio ambiente. ¡Por fin llegó el día.

Temprano, como a las nueve de la mañana, llega el equipo de trabajadores del Ingeniero Alejandro Bravo, que con una rapidez y agilidad increíble, ponen los andamios en el lugar y la forma adecuada para colocar la Cruz.

Un poco más tarde llega la Cruz, ya armada, en una camioneta, totalmente cubierta, para que no se deteriore, y con gran cuidado es llevada al interior y descubierta. ¡PRECIOSA!

Instalación de la Cruz (5)Pintada en un color café oscuro le da el sello de sobriedad que requiere el símbolo de nuestra espiritualidad. Con mucho cuidado y mucha habilidad, es levantada y puesta en el hueco que en el centro de la base ya está preparado para recibirla.

Los elementos de precisión están a cargo delInstalación de la Cruz (19) maestro y del carpintero para que la Cruz quede en el lugar exacto y preciso, usando la técnica adecuada que la práctica y el ejercicio en estos menesteres han enseñado a la humanidad su sapiencia y utilidad, y con ello lograr un perfecto asentamiento, “a plomo”, totalmente perpendicular.

Una vez asentada la Cruz en su pedestal, se rellena el hueco donde se puso, con una mezcla de cemento y aditivos especiales, que al ir “fraguando” el cemento, se expande y ocupa totalmente el espacio que quede libre.

Fijar los símbolos del Espíritu Santo y el Corazón de la Cruz en su lugar, es obra de artesanos que con precisión, habilidad y finura se realizan en seguida. La Cruz del Apostolado se manifiesta espléndida, bella en su construcción, hermosa en su presentación, profunda en su espiritualidad y alentadora en su promesa.

Instalación de la Cruz (36)Cabe comentar que cuando ya se veía la posibilidad de cumplir el anhelado deseo de implantar la Cruz en el atrio del Templo, en comunidad pensamos que sería importante juntar en esta fecha dos acontecimientos para darle realce. El primero, desde luego, era la implantación de la Cruz; pero considerando que durante el mes de julio estaban en la comunidad Pablo Meza y Juan Carlos Equihua, en un curso de verano que han estado recibiendo durante varios años, y que recientemente, apenas hace un mes, recibieron la ordenación sacerdotal, por ser conocidos y apreciados en la comunidad cristiana del Templo, creímos oportuno realizar una celebración especial en torno a ellos, uniéndonos en la acción de gracias por su sacerdocio y compartir el acontecimiento con la comunidad eclesial. Así que, aunque oficialmente no era un “cantamisa”, extraoficialmente así lo celebramos, puesto que apenas a unos días de su ordenación, ya estaban en esta comunidad. Además, al ser invitado el Cardenal Don Alberto Suárez Inda, aceptó, amablemente presidir la Eucaristía y bendecir la Cruz. De esta manera, los elementos para darle realce y solemnidad al acontecimiento, se conjugaron para propiciar un evento comunitario eclesial, y un verdadero festejo.

Eucaristía y bendición (20)Previo ensayo de los cantos para la Celebración, a la una y media se inicia la procesión de entrada. El Cardenal, “los cantamisanos”, Gilberto, Eduardo, Juan Antonio Romero, de la Provincia de Cristo Sacerdote, entran solemnemente al Templo, mientras resuena vibrante el canto “Pueblo de Reyes”. La Celebración transcurre de manera fluida, y se percibe la presencia del Espíritu que genera un sentimiento de gozo que inunda los corazones de los presentes y que se transforma en una participación exultante y jubilosa. Al concluir la Eucaristía, el Cardenal bendice la Cruz, hace la referencia de que es el símbolo de la Espiritualidad de la Cruz, y una invitación, para que por ella, vivamos más profundamente nuestra fe. El festejo se concluye con una “sabrosa taquiza” para todos los asistentes.

Eucaristía y bendición (29)Esta Cruz del Apostolado queda como un testimonio fehaciente de la presencia de la Espiritualidad de la Cruz en la Arquidiócesis de Morelia, desde que en 1920 el P. Félix Rougier fundó esta comunidad, como también de los Misioneros del Espíritu Santo que han entregado parte de su vida al servicio de este pueblo de Dios.

 

IMG_1209 (BR)P. José Alfredo Laso Gavito, msps

Cruz del Apostolado en el atrio del Templo del Espíritu Santo y de la Cruz

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Eduardo Suanzes, msps

Domingo 26 de julio de 2015

Ya desde el año pasado estábamos ilusionados con el proyecto de erigir una Cruz del Apostolado en el atrio del Templo. Hicimos el estudio, los planos, la inspección del subsuelo del atrio. Mandamos traer de San Luís las insignias de la Cruz. El día señalado era el 3 de mayo del 2014: ¡120 años después de la primera, de la de Jesús María! La fecha era perfecta. Además, en el año de nuestro centenario. Sí, sí, hacia esa fecha confluían todos nuestros esfuerzos como si de un vértice espiritual, que nos imantaba, se tratara…., hasta que nos topamos con el precio. ¡Madre mía! Después de recibir la primera oferta nos quedamos “patidifusos”. ¡No podíamos soportar ese costo! Naturalmente buscamos otra oferta. ¡Imposible! Poco a poco, resistiéndonos, bajábamos los brazos, hasta hacerlo del todo. Adiós al proyecto. La dosis de realidad que recibimos hizo que inclináramos la cabeza, suspiráramos y dijéramos: ¡qué pena!

Inesperadamente, hace unos tres meses, un matrimonio muy querido de la comunidad,Instalación de la Cruz (44) como estaba enterado del proyecto, de los estudios, y, sobre todo de los costos, asumió los gastos de la empresa e hizo ese grandísimo regalo a la comunidad del Templo. Él es ingeniero, así que se encargó de todo.

Pensamos en la fecha más adecuada y, al considerar que en julio nuestros hermanos Pablo Meza y Juan Carlos Equigua, recién ordenados presbíteros, estarían en Morelia recibiedo el curso de Luiggi Rulla, podríamos organizar una Eucaristía de Acción de Gracias (perdón por la redundancia, ustedes me entienden) por el don de su sacerdocio; elegimos el domingo día 26. Además, su Eminencia Don Alberto Cardenal Suárez Inda estaba dispuesto para la fecha señalada y con mucho gusto nos acompañaría. Y así fue.

Los trabajos de la instalación de la Cruz serían el mismo día 26 de mañanita. No era empresa fácil, pues se trataba de una cruz de una sola pieza de 5m de altura; un metro de la misma iría sumergida en un pedestal previamente ya instalado, de cantera auténtica de Tlalpujahua (¡ahí es nada!). La cruz bendita pensaba un quintal, como se pueden imaginar. Pero con habilidad, profesionalidad e ingenio se colocó en su lugar. Una vez fijada se procedió a la instalación de las insignias, y todo quedó listo para la Eucaristía de las 13:30 horas.Eucaristía y Bendición (11)

Así que a las 13:30 horas vino el Cardenal, y, como siempre, tan familiar y cercano con nosotros. Y después de unas palabras de bienvenida del P. Gilberto Torres, comenzó la eucaristía. Nuestros hermanos recién presbíteros flanqueaban a Dn Alberto durante la celebración. La comunidad de Misioneros concelebró también como era natural. La Iglesia, a rebosar. El P. José Alfredo se encargó de la animación litúrgica, así que la gente estaba previamente más que ensayada para participar con el canto y los diferentes signos. Así que la Eucaristía fue muy sentida y participada. La comunidad había respondido y no quedaban lugares, así que muchos se quedaron de pie o afuera.

Después de la Misa se procedió a la ceremonia de bendición de la Cruz. Después de unas breves palabras, en que recordamos la promesa de Jesús a Nuestra Madre sobre Cruz del Apostolado, se bendijo y como broche final se cantó La Cruz del Apostolado y todos dimos gracias por el gran regalo que el Padre nos había hecho. Ya el atrio es otra cosa. Ya está nuestra Cruz.

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