Cruz del Apostolado en el atrio del Templo del Espíritu Santo y de la Cruz

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Eduardo Suanzes, msps

Domingo 26 de julio de 2015

Ya desde el año pasado estábamos ilusionados con el proyecto de erigir una Cruz del Apostolado en el atrio del Templo. Hicimos el estudio, los planos, la inspección del subsuelo del atrio. Mandamos traer de San Luís las insignias de la Cruz. El día señalado era el 3 de mayo del 2014: ¡120 años después de la primera, de la de Jesús María! La fecha era perfecta. Además, en el año de nuestro centenario. Sí, sí, hacia esa fecha confluían todos nuestros esfuerzos como si de un vértice espiritual, que nos imantaba, se tratara…., hasta que nos topamos con el precio. ¡Madre mía! Después de recibir la primera oferta nos quedamos “patidifusos”. ¡No podíamos soportar ese costo! Naturalmente buscamos otra oferta. ¡Imposible! Poco a poco, resistiéndonos, bajábamos los brazos, hasta hacerlo del todo. Adiós al proyecto. La dosis de realidad que recibimos hizo que inclináramos la cabeza, suspiráramos y dijéramos: ¡qué pena!

Inesperadamente, hace unos tres meses, un matrimonio muy querido de la comunidad,Instalación de la Cruz (44) como estaba enterado del proyecto, de los estudios, y, sobre todo de los costos, asumió los gastos de la empresa e hizo ese grandísimo regalo a la comunidad del Templo. Él es ingeniero, así que se encargó de todo.

Pensamos en la fecha más adecuada y, al considerar que en julio nuestros hermanos Pablo Meza y Juan Carlos Equigua, recién ordenados presbíteros, estarían en Morelia recibiedo el curso de Luiggi Rulla, podríamos organizar una Eucaristía de Acción de Gracias (perdón por la redundancia, ustedes me entienden) por el don de su sacerdocio; elegimos el domingo día 26. Además, su Eminencia Don Alberto Cardenal Suárez Inda estaba dispuesto para la fecha señalada y con mucho gusto nos acompañaría. Y así fue.

Los trabajos de la instalación de la Cruz serían el mismo día 26 de mañanita. No era empresa fácil, pues se trataba de una cruz de una sola pieza de 5m de altura; un metro de la misma iría sumergida en un pedestal previamente ya instalado, de cantera auténtica de Tlalpujahua (¡ahí es nada!). La cruz bendita pensaba un quintal, como se pueden imaginar. Pero con habilidad, profesionalidad e ingenio se colocó en su lugar. Una vez fijada se procedió a la instalación de las insignias, y todo quedó listo para la Eucaristía de las 13:30 horas.Eucaristía y Bendición (11)

Así que a las 13:30 horas vino el Cardenal, y, como siempre, tan familiar y cercano con nosotros. Y después de unas palabras de bienvenida del P. Gilberto Torres, comenzó la eucaristía. Nuestros hermanos recién presbíteros flanqueaban a Dn Alberto durante la celebración. La comunidad de Misioneros concelebró también como era natural. La Iglesia, a rebosar. El P. José Alfredo se encargó de la animación litúrgica, así que la gente estaba previamente más que ensayada para participar con el canto y los diferentes signos. Así que la Eucaristía fue muy sentida y participada. La comunidad había respondido y no quedaban lugares, así que muchos se quedaron de pie o afuera.

Después de la Misa se procedió a la ceremonia de bendición de la Cruz. Después de unas breves palabras, en que recordamos la promesa de Jesús a Nuestra Madre sobre Cruz del Apostolado, se bendijo y como broche final se cantó La Cruz del Apostolado y todos dimos gracias por el gran regalo que el Padre nos había hecho. Ya el atrio es otra cosa. Ya está nuestra Cruz.

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