12 domingo del Tiempo Ordinario – 21 de junio 2015

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Sergio García, msps

“¡Qué bueno es darte gracias, Señor!” proclamamos el domingo pasado; hoy decimos: “¡Demos gracias al Señor por sus bondades!”. Que nuestro Dios no tiene maldades, no van con él las mediocridades, está repleto de bondades. Los teólogos dicen que es “El bien absoluto”, pero el Salmo nos invita a abrir bien los ojos, al mismo tiempo que ensanchamos el corazón para admirar sus bondades.

San Pablo lo expresa en términos apasionados: “”El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron… para que los que viven ya no vivan para sí sino para él que murió y resucitó… el que vive en Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado, ya todo es nuevo”.

Acostumbramos a expresar la historia en un “antes de Cristo y en un después de Cristo”. Pero sorprendentemente la historia personal así se puede contemplar. O sea que si estamos en Cristo vamos caminando hacia la novedad. Más años, más nuevos. Más universos exteriores e interiores admirados, agradecidos, amados tenemos, más novedades vivimos. No podemos caminar al corazón de las cosas con miradas viejas, resecas y rígidas. Un abuelito estaba perdiendo la vista y su nieto le preguntó: “Abuelito ¿cómo sigues de tus ojos? el abuelo contestó: “Estoy perdiendo los ojos, pero ahora veo mejor”. Ese abuelo vivía en Jesús.

El evangelio nos pone en la novedad de las situaciones límites. Donde parece que ya no hay nada qué hacer, que nos hundimos sin remedio, entonces surge la voz liberadora: “Mar, cállate, enmudece”.

Yo se bien de quien me he fiado y estoy seguro 04

Comenta Schökel sobre el evangelio de hoy: “Siguiendo la línea universal del anuncio, Jesús se dirige a tierra de paganos. En la tradición judía el mar era símbolo del mal. El viento huracanado es obra de los espíritus del mal para impedir que el reino de Dios llegue a los pueblos paganos. Por un momento, logran resquebrajar la fe de los discípulos. Como si estuviera expulsando un demonio, Jesús ordena la calma del mar y del viento. Luego, desenmascara la falta de fe de los discípulos, evidenciando lo mucho que les falta por aprender. La última pregunta supone que Jesús es Dios, pues era el único capaz de dominar el mar (Sal 107,23-32)”.

Lo cual indica que ellos iban con Jesús pero no vivían en él. Vivir con Jesús es mucho, pero no lo es todo. Lo más maravilloso es que Jesús vive en nosotros y si nosotros estamos en él entonces somos creaturas nuevas cada día. Qué maravilla que toda tu vida transcurra en Jesús, entonces las bondades de Dios pasan a ser tus bondades. ¿Imaginas tu vida, tu comunidad, tu pastoral, tu ciudad, tu país, viviendo en Jesús? A eso tiende la evangelización, por eso dio su vida Jesús, con eso arrancamos de la maldad, la mediocridad y la desidia lo que le pertenece a Dios.

Todavía resuenan en mi corazón las últimas palabras de Jesús en el evangelio del domingo pasado: “… pero a sus discípulos les explicaba todo en privado”. Es la exaltación de la oración. Somos lo que oramos, vivimos lo que somos. “Que orar, dice Santa Teresa de Jesús, no es otra cosa, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama. Que no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho. No os pido más que le miréis”.

Y sigue el tiempo litúrgico “ordinario” avanzando y nosotros creciendo como buenos discípulos de un Maestro tan lleno de bondades como de consecuencias para el compromiso evangelizador.

P. Sergio García Herrero, msps

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