4º domingo de cuaresma 2015

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Sergio García, msps

Sabemos cuándo y dónde Nicodemo se encontró con Jesús, pero ¿cuál y cómo fue su último día? ¿En qué hoja del calendario se encuentra nuestro último día? Afortunadamente no lo sabemos, aunque Jesús sí lo sabe: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna”.

Estoy convencido de que nuestro primer y último día le pertenecen sólo a Dios. Él es el dueño absoluto de ellos: el comienzo de la vida y el término de ella son sólo de Dios. Para nacer sabemos que por la asombrosa mediación de nuestros padres. Sí, nuestros padres: varón y mujer. El último se esconde en el misterio luminoso de un amor que se llama la antesala de la vida eterna.

Los demás el buen Dios nos los regala para que hagamos con ellos lo que queramos. No es poca cosa. Durante mucho tiempo se nos ha inculcado una religión de la buena muerte. Ahora nos comprometemos para una buena vida, solidaria y completa por el respeto, la honestidad y la verdad en el amor. El primero y el último le pertenecen a Dios, a sólo Dios. El sí sabe qué hacer con ellos.

Aparecemos en la historia como una estrella fugaz. Nicodemo tiene un encuentro con Jesús y la oportunidad de abrir su mente y su corazón a la verdadera enseñanza de la vida. Jesús se deja encontrar y saca de su corazón lo que le quema por dentro: el entusiasmo de un proyecto salvífico de Dios.

Es cuaresma y es tiempo de ampliar la mirada o si se prefiere concentrarla en un solo punto: el del corazón de Jesús. Nunca lo agotaremos, no de cansarlo, no; sino de conocerlo, amarlo, vivirlo.

El tiempo se va

Pero nos ha dado un buen fajo de días. Él se reserva el primero y el último. Los demás nos los entrega para que los aprovechemos en crecer, en conocer las maravillas de la creación, en vislumbrar los tesoros de la ciencia y de la fe, en agarrar todos, el mismo ritmo del amor, para llegar juntos a la meta del corazón.

Con frecuencia le digo al Señor: “Danos hoy la sorpresa de cada día”. Y lógicamente me voy a buscar las últimas palabras del Papa Francisco. Hace unos días le enviaron de “Las Villas, Argentina”, unas preguntas que les contestó inmediatamente. Sobre las fronteras, las elecciones, el consumo de drogas, etc. La última pregunta que le hicieron fue la siguiente: “Escuchamos por televisión noticias que nos duelen, que hay fanáticos que lo quieren matar. ¿No tiene miedo? Y nosotros que lo queremos ¿qué podemos hacer?”

“Mirá, la vida está en manos de Dios. Yo le dije al Señor: vos cuidame. Pero si tu voluntad es que yo me muera o que me hagan algo, te pido un solo favor, que no me duela. Porque yo soy muy cobarde para el dolor físico”.

Sabe el Papa Francisco que el primer y el último día son exclusivos de Dios, porque “de tal manera amó Dios al mundo que le envió a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna”.

Es la gran verdad que nos ayuda a seguir haciendo camino en esta cuaresma tan acelerada como llena de acontecimientos de todo signo que no nos dejan indiferentes, sino que nos permiten ser misericordiosos, llenar los días que Dios ha puesto bajo nuestra responsabilidad bajo los signos de la solidaridad, la justicia y la paz.

P. Sergio García Guerrero, msps

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