6º domingo del tiempo ordinario

6º domingo del tiempo ordinario
15 de febrero de 2015

Misioneros del Espíritu Santo Morelia

P. Sergio García, msps

Un leproso sabio el del evangelio. Un leproso que no quiso guardar las normas y tradiciones, un leproso que comprendió que ninguna ley, costumbre, enfermedad, rechazo, etc. podía impedirle un encuentro con Jesús. Un leproso que no pensó que era indigno de acercarse a Jesús, que lo iba a contaminar y lo iba a poner al borde de transgredir la ley. Nadie podía tocar un leproso so pena de quedar legalmente impuro, separado de la comunidad, alejando de la sociedad, pudriéndose en su lepra.

Un leproso sin oratoria ni discursos, un leproso que en lugar de palabras tiene gestos sencillos: suplica, se arrodilla, habla lo suficiente, espera, experimenta el gozo de ser curado. Un leproso que, cuando fue curado, se dedicó a desobedecer a su curador, un leproso evangelizador, un hombre dedicado a divulgar a todos el hecho: “yo antes era un leproso, me encontré con Jesús y ahora estoy sano”. Me gustan estas desobediencias. Estamos demasiado encasillados en costumbres, en el qué dirán, en el “me dijeron”, en la resignación malsana de mejor no comulgar, no sea que no lo merezca.

He aquí un leproso al comienzo de un evangelio que va a encabezar una larga fila de curaciones. No muchas, que tampoco Jesús es curandero, pero sí las suficientes como parte de una fe que brota de lo profundo del corazón. Jesús aprende a ser un excluido e impuro con tal de hacer el bien.

Un leproso que se puso en camino, que salió de su rutina, que se arriesgó a regresar peor, que tuvo la fortuna de llegar a Jesús. Ah qué buen modelo de evangelizador es este leproso conocedor de su enfermedad pero buscador incansable de solución.impuro

Precisamente con este domingo termina la semana de la salud. Viene muy oportuno el consejo de san Pablo: “Todo lo que hagan, sea comer, sea beber, o cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios…. Procuro dar gusto a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven”. Siempre pensando en los demás el apóstol, buscador por todos los medios, del bien de los demás. Tanto que llega hasta nosotros su palabra viva, su testimonio y la fuerza de su conversión.

Una palabra sobre la amistad como gran regalo de Dios. Feliz el hombre de amigos felices, feliz posibilidad, más que comercial, de crear vínculos, de ahondar en las fronteras de la amistad que, cuando se da, trae para nosotros una buena dosis de felicidad. Agradecer a Dios el don de la amistad y sobre todo sus palabras: “A ustedes no los llamo siervos, sino amigos porque les ha dado a conocer todo cuanto el Padre me ha confiado”.

Termino con el comentario de Alonso Shökel: El leproso era un muerto viviente, aislado, despreciado y condenado a estar lejos de los demás y de Dios. El leproso no podía acercarse a Jesús pero lo hace; Jesús no podía dejarlo acercar pero lo hace. Ambos violan la ley (Lv 5,3; Nm 5,2). La fe del leproso y el amor de Jesús hacen realidad la Buena Noticia. De nuevo, tres verbos muestran la ternura y la cercanía de Jesús con los marginados: compadecerse, extender la mano y tocar. Jesús no se conforma con estar cerca, sino que pasa a transformar la realidad de marginación sanando al leproso. A pesar de la prohibición, el leproso se convierte en un evangelizador que propaga la imagen de Jesús”.

P. Sergio García Guerrero
Misionero del Espíritu Santo

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